La televisión de todos
La televisión continúa siendo, sin chovinismo, el medio de las multitudes. Al menos el que las multitudes más siguen. Y no por gusto los que a ella dedicamos nuestras horas laborales, que llegan a convertirse en las horas más importantes de la vida (junto a las compartidas con la familia), sentimos un regocijo inmenso ante el reconocimiento del público. Un reconocimiento que muchas veces tiene matices de agradecimiento, cuando en verdad los agradecidos deberíamos ser los que hacemos y latimos por la televisión.
En el aniversario 67 de la Televisión Cubana, importantes han sido los retos y desafíos, a los que hombres y mujeres con el don de la creación y el empeño, se han enfrentado. Sin menospreciar la etapa pre revolucionaria, cuando se produjo la génesis, pero la televisión en Cuba después del triunfo de la Revolución, ha tenido a bien legitimar, desde el sistema mediático, las profundas transformaciones políticas, sociales y económicas lideradas por Fidel, Raúl y otras figuras imprescindibles
La labor es siempre perfectible. Por esa razón, inconformes, debatimos constantemente, cuál es la mejor forma de hacer las cosas. En ello la teleaudiencia se convierte en protagonista. Son sus intereses, sus motivaciones y hasta preocupaciones las que conforman la agenda pública que mucho aporta a las realizaciones televisivas.
Reflejar la realidad de forma inteligente, creíble, pero que no pierda de vista el entretenimiento sano, es una de las tareas que constantemente se renueva y enriquece, al interconectarse el quehacer de directivos, periodistas, creativos. A nuestro público hay que educarlo y sin lugar a dudas, el enfrentamiento a los productos seudoculturales, que bombardean a través de los medios alternativos, la ideología y la psicología social del cubano, constituye misión de primer orden, para los que, desde la primera línea, somos responsables y encargados de defender los valores de la cultura cubana.
Como constructo sociocultural, la producción televisiva a nivel nacional y más local, tiene su sello, resultado del acervo que nos identifica y con un confort tecnológico, que hace sostenible el encargo social, para el cual hemos sido diseñados.
Altísimos son los costos. Millonarias las cifras que el país, bloqueado y acosado por el mayor imperio del mundo y de la historia, invierte cada año. Un minuto de televisión, como suelen decir mis colegas, cuesta, pero a veces ni nosotros mismos actuamos en consecuencia, y nos convertimos en detractores de lo que tiempo y sudor, también, nos ha costado.
No celebramos este 24 de octubre un aniversario más de la Televisión Cubana. Festejamos la certeza de mantenernos en la preferencia de muchos y ser junto a esos muchos, defensores y cultivadores de la cubanía, el patriotismo, la inteligencia y el gusto estético, que han de primar para seguir derrocando al enemigo.
La televisión cubana es de todos, porque también es expresión de nuestra independencia y soberanía.
