Alarmada en las calles

El tema de las indisciplinas sociales, aunque pudiera parecer reiterativo, llega una y otra vez a los medios de prensa para alertar que, cada vez se acomoda más dentro de la cotidianidad y echa raíces.
Es preocupante la intensidad con que se expanden en diferentes áreas de la vida social y, en ocasiones, muchos consideran que son situaciones normales y entendibles, cuando están bien distantes de eso.
De pronto te encuentras en cualquier lugar, basura regada por doquier, paredes rayadas, tumultos en las guaguas, alguien que arremete contra un teléfono público, gritos en las calles, música alta en casas particulares o establecimientos estatales, por solo citar algunos de los ejemplos más comunes.
Pero, hay una que particularmente ha llamado mi atención, por los peligros que lleva intrínseca.
Cuando, regularmente, tengo que coger mi bicicleta para trasladarme de un lugar a otro y doy los primeros pedalazos, me invade un sobresalto. Andar en las calles confieso que, por estos tiempos, me aterroriza un poco.
Y yo, que tengo problemas con la visión, debo enfocarme bien en el camino, mirar con precisión a todas las direcciones. Lo hago, más ni así me siento segura, porque el hecho de que haga las cosas bien garantiza un 50 por ciento de que estaré a salvo, el resto depende de otros que no siempre llevan sus cinco sentidos en el timón.
Tiene una que lidiar con quienes no respetan que la carretera tenga una sola vía y se lanzan en contra y, para colmo, a veces protestan cuando atinas a decirle algo.
Hay tantos despistados sin mirar hacia los lados, que necesitarías un cascabel para anunciarte; hay apurados que se vuelan los pares; hay animales sueltos por ahí…hay de todo en la viña del Señor, la verdad.
Últimamente, en la vox populi los accidentes de tránsito en varias partes de la provincia de Ciego de Avila aparecen con frecuencia. Cuando se va a las causas, como regularidad, están asociadas al consumo excesivo de alcohol, el no respeto a las leyes, manejar luego de haber dedicado al descanso pocas horas de sueño, lo que propicia con facilidad dar pestañazos frente al volante y trae consecuencias nefastas.
En el pasado año se contabilizaron unos 247 accidentes con 35 fallecidos y 176 lesionados. Para esta temporada que corre, las cifras podrían seguir iguales, o peor, incrementarse, si todos, transeúntes y choferes no tienen en cuenta que cuando salen a la calle, nada puede ser más importante que ir con cuidado.
Duele escuchar las historias de jóvenes que no volverán a llegar casa, porque la señal de pare no existió para ellos o de otros que se dedican a ir colgados de la parte trasera de diferentes vehículos y la historia no exhibe un final feliz.
El problema se agrava cuando, en la actualidad, un numeroso grupo de muchachos ya desde el preuniversitario va en motorinas a las escuelas y la poca experiencia atenta fuertemente contra su seguridad.
La colocación de semáforos y de otras señales viales en puntos de gran confluencia son medidas que también contribuyen a incentivar el respeto en las calles; eso y mayor severidad en la imposición de multas y su pago a tiempo.
Aunque, sin lugar a dudas, apelar al entendimiento de que cuando se viola lo establecido, la vida de otros y la propia están en juego, sigue siendo el punto esencial para disminuir las preocupaciones al salir a enfrentar la rutina diaria.

Por Lisandra López Pérez, ACN

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