Amor contra demonios

En el Hospital Psiquiátrico Nguyen Van Troy de Ciego de Ávila, Cuba se respira un ambiente de paz y mucho amor.

La limpieza de sus áreas exteriores y locales internos, devela la armonía que, desde hace más de una década, existe en esta instalación de salud. Un ambiente ideal para la recuperación de los pacientes que allí son asistidos.

Pero trabajar en un psiquiátrico no es tarea para cualquier ser humano y bien lo sabe Alberto Navarro Rendón, el asistente de los pacientes del hospital de día desde hace once años.

“Cuando empecé a trabajar aquí lo hice por la sala de agudos donde estuve tres años y medio. Al desocuparse la plaza de hospital de día decidí solicitarla y  me trasladé a ella. En estos momentos tengo 29 pacientes que atender, 16 de ellos esquizofrénicos, 6 retrasos mentales, tengo una PMD (trastorno de la personalidad) que es una profesional,   estabilizada desde que está con nosotros, y tengo una histeria entre otros. En ellos repercute el grupo en que están en la rehabilitación en nuestro centro.”

Los ojos de “Mandy” brillan al hablar y demuestra sinceridad en su sonrisa.

“Para trabajar aquí se necesita mucha sensibilidad humana y es la que tengo. Siempre la he tenido, pero ahora se me ha acentuado más desde que trabajo con este tipo de paciente porque  las enfermedades más malas son las mentales, las de siquiatría; hay que tener mucha paciencia y sensibilidad humana para tratar con este tipo de pacientes. Vivir con sus problemas, intentar darles solución, algunos no tienen familia, otros solo reciben el rechazo de su núcleo familiar por eso valoro cada instante con ellos y trato de hacerlos sentir importantes. Usted me entiende, ¿verdad?”

“Aquí se les hacen muchas terapias ocupacionales, que sirven de relajación. A algunos de ellos se les vincula a centros laborales del territorio y vienen al centro una vez al mes, otros están durante todo el día aquí y limpian las áreas exteriores, realizan ejercicios físicos, manualidades, se les lleva a la playa, a la tabaquería y allí se les enseña a torcer los tabacos, limpian el lugar e intercambian con los trabajadores.

Aquí en el hospital también hacemos un carnaval en el cual  pacientes y personal médico y asistencial participan en las comparsas, desfiles de moda, en fin, hacemos todo lo posible por brindarles opciones para que recuperen el equilibrio mental.”

Pero la sensibilidad de este asistente del Hospital de día en el psiquiátrico Nguyen Van Troy de Ciego de Ávila viene desde su propia historia familiar.

“Yo comencé a trabajar aquí cuando a mi mamá me la violó un amigo de mi hermano que es alcohólico. Desde entonces la tengo aquí recibiendo tratamiento y la tengo bastante compensada. Por ella me inicié como asistente y es por ella que entrego todo mi amor a mis pacientes. Ese es el mejor remedio para tantos males que les aqueja. Todo se trata del amor y es lo que más tengo para entregar.”

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