Ancianos a su alto podio en Ciego de Ávila
Hay quienes lo definen como Día internacional del anciano, otros lo llaman Día internacional del adulto mayor, de las personas mayores…
Lo cierto es que cada 1 de octubre el mundo se pronuncia a favor de la salud, la vida y el bienestar de quienes más años de existencia acumulan.
Ciego de Ávila no está ajena a la voluntad estatal que prevalece en toda Cuba, expresada incluso más allá del programa que, con ese fin, encabeza el ministerio de salud, en integrada cooperación con otros organismos e instituciones.
La cantidad de personas que superan los 60 años de edad no es despreciable en la provincia: 84 910 avileños y avileñas, entre quienes figuran 69 con más de un siglo vivido. ¡Vaya privilegio!
Tales cifras están en armonía con la tendencia del país al envejecimiento poblacional: problema que preocupa y ocupa al Estado cubano.
Como bien dice un cercano colega, en cada centenario o longevo de avanzada edad está, de algún modo, la mano de una familia que se ha ocupado para que la viejita o el viejito se alimenten bien, no les falte el medicamento o se mantengan siempre bañaditos, bien vestidos, libres de disgustos o de grandes preocupaciones.
Pero sería injusto no concederle al Estado, y en especial al sistema de salud, la cuota correspondiente en este asunto. El programa del adulto mayor emerge como un soporte que en el sentido cuantitativo suma años, pero que en el cualitativo extiende y mejora vida.
Es obvio que no solo unos viven más, sino que también otros mueren menos. Estadísticas como las correspondientes al grupo etario de 75 y más años asientan alrededor de un centenar y medio de defunciones por debajo de las que hubo en igual período del calendario anterior.
¿Cómo es posible que eso ocurra en un contexto marcado, durante décadas, por presiones y obstáculos externos, sin ignorar los vacíos internos, para disponer de medicamentos básicos o de alimentos igualmente necesarios para la salud de esas personas?
Nadie lo dude. Detrás de ello están la primaria labor de médicos y enfermeros de la familia, junto a la de quienes trabajan en ocho hogares de ancianos con 623 plazas internas y 126 semi internas; 16 casas para abuelos con 545 plazas y 445 círculos de abuelos aptos para agrupar a 34 742 asociados: más del 40 por ciento de la población adulta mayor del territorio.
Como escribí recientemente en Invasor, nadie niega que esas instituciones necesitan acciones de mejoramiento para un servicio de más calidad o que las dos salas de geriatría (en los hospitales Doctor Antonio Luaces Iraola de la cabecera provincial y Roberto Rodríguez, de Morón) no dan abasto, como tampoco los cinco geriatras existentes.
Se sabe, también, que será preciso formar más especialistas y que corazón, tumores malignos e infecciones respiratorias agudas son las principales causas de muerte. Pero… por encima de todo, ahí están nuestros ancianos: sumando días, subiendo muchos al podio de los cien años y con la clara intención de no parar.
