Arte como motivo y empeño

La compañía se distingue por el trabajo al aire libre

En estos días de esperanzas maltrechas e incertidumbres hemos asumido que una canción, una obra de teatro, un juego de participación, un payaso y hasta un chiste mordaz pueden recomponer, al menos, el alma.

La certeza no es absoluta, sin embargo, el propósito de llevar la cultura hasta las zonas más asoladas por los vientos de Irma ha sido empeño y ejercicio asumido con rectitud por los artistas del terruño, quienes lo mismo en un escenario que en una esquina maltrecha, con micrófonos o a pulmón abierto, de noche o de día han hecho más que un trabajo formal, se han entregado por entero.

Cada cual a su modo, pero lo cierto es que no han existido negativas y desde diferentes puntos de la ciudad cabecera parte la horda. Luego del periplo por los centros de evacuación, las planificaciones han incluido a comunidades de difícil acceso.

Mabuya, Los Perros, la 30 de Manga Larga, Falla, El Asiento y la Isla de Turiguanó han sido de las primeras y, a pesar de las alegrías, no puede dejar de decirse que en este último palmo de tierra la compañía Teatro Primero se retiró sin apenas actuar.

No se conocía en aquellos lares de la llegada de los actores, los mayores trabajaban, el horario de las clases se extendió con asombrosa normalidad, y el ir y venir resultaba casi imperceptible bajo el sol de las 3:00 de la tarde. Ni siquiera las bocinas y la algarabía de los actores convocaron audiencia.

En el grueso de las planificaciones parecería un caso aislado, un simple inconveniente, pero habría que preguntar a quienes cargaron con sus bultos, prepararon un espectáculo y se trasladaron kilómetros con el único dividendo de extirpar un poco de tristezas y que, a la postre, regresaron con más penas que glorias a cuestas.

Además del tiempo y los recursos, se nos escurrió la posibilidad de haber llegado a zonas con panoramas más complejos porque, si algo quedó claro, es que el centro “residencial” de la Isla de Turiguanó no es el sitio más crítico de aquellos parajes, ni las 3:00 de la tarde el horario más oportuno para conquistar público.

El poblado de Manatí (cerca de la playa de La Tinaja), el barrio de La Loma, El Salado y el reparto Manuel Fajardo, donde los damnificados no han querido ir a un centro de evacuación para cuidar lo poco que les quedó, sí demandan de este remanso artístico.

Superada la conmoción inicial por los estragos y con varios días de experiencia en estas actividades, debiéramos revalorar lugares y horarios, afincar las formas de convocatoria en cada comunidad y ser capaces de decidir in situ, más allá de cualquier “orientación”, el lugar más carente de consuelo.

Por suerte, lo sucedido en la Isla de Turiguanó ha sido excepción y no regla en esta cruzada donde el arte ha sido motivo y empeño

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