Cambio de pañoleta, perennidad de sueños

Imagino sus manos, siempre seguras, esta vez entre sudorosas y nerviosas. Casi las veo discutiéndole el instante a otras manos, más rudas pero igual de tiernas cuando se trata de esos seres que les nacieron del alma. Hoy mi amiga Nayrobi revive en su Gabriela, aquel instante, único y aparentemente irrepetible, mientras no tenemos hijos, del cambio de atributo, cuando las también temblorosas manos de su madre querida, anudaron la pañoleta roja a su cuello
La ceremonia se produce con toda la solemnidad requerida, aunque en la escuela de alto rendimiento deportivo, maravilla de la Revolución, solo esté formado un grupo de tercer grado, a cuyos integrantes que este 14 de junio les parece uno de los días más bonitos que hayan compartido. Bonito e inolvidable.
El homenaje a Maceo y al Che. La imagen de Julio Antonio Mella, porque así se llama el centro escolar avileño, también está presente. Los colores de la bandera en las pañoletas y la bandera misma ondeando, como expresión de cubanía, de nacimiento constante. Los niños y las niñas sonríen. Los padres, los maestros, los otros pioneros los contemplan y admiran.
A partir de este momento ya no serán pioneros Moncadistas, ahora serán pioneros José Martí del primer nivel. Tal vez a alguien que no es cubano ese tránsito no le diga nada o sencillamente no entiendan estas líneas. Los que nacimos en esta isla y fuimos o son pioneros, las comprendemos perfectamente.
La escena se repitió en todas las escuelas que vibran en este verde caimán. Y se repite cada 14 de junio, cuando Maceo y Che llegan con su andar firme para confundirse en ese mar de atributos pioneriles, que más pañoletas, son sueños convertidos en certezas.
