Capote, fidelista hasta el fin

La noticia me sorprendió. Siempre sucede con esas que aunque pueden esperarse que ocurran de un momento a otro, queremos postergar hasta lo indecible. Un amigo, moronero orgulloso de su terruño y de la gente noble que allí trabaja y vive, me escribió un mensaje: Ha muerto Capote. Ambos quedamos congelados porque aunque fue él el que me dio la noticia, estoy segura de que también quería postergarla en el tiempo.

Ya tenía 87 años, pero no menguó ni un ápice de su dignidad y mucho menos de su fidelidad a Fidel. Para él humilde trabajador, el Comandante en Jefe, aún después de su partida, andaba por ahí “con sus consejos, su humildad y su exigencia”. Y es que no solo el pedraplén concluido el 13 de noviembre de 1993, entrelazó a Turiguanó con la cayería norte de Ciego de Ávila. Yo diría que entrelazó desde la mutua admiración, las vidas de Fidel y de Capote.

Era todavía  muy joven y cortaba caña en los campos de su natal Bayamo, en la provincia de Granma, para ayudar al sustento familiar, cuando escuchó hablar de Fidel y se hizo el compromiso de contactar con el líder cubano con el objetivo de involucrarse en el movimiento 26 de julio. Evelio Capote Castillo formó parte de ese grupo revolucionario y más tarde fue uno de los rebeldes del Tercer Frente Oriental, que entró a la Ciudad Héroe de Santiago de Cuba al triunfar la Revolución el Primero de enero de 1959, mas no conoció al Comandante en ese tiempo La vida, las circunstancias, le darían otra grandiosa posibilidad.

Fue durante aquella misión que consideró como cosa de locos, “porque tirar piedras en un lugar donde la vista se perdía y no veías el fin con solo seis KP-3, tres Kamaz y un cargador, era sumamente difícil”, pero que cambió de inmediato el criterio cuando supo que Fidel había dado la idea. Y no pienso que fuera fe ciega, sino la confianza en las ideas del Comandante en Jefe.

El periodista Ortelio González, cuando el inolvidable 25 de noviembre de 2016 Fidel zarpó a la inmortalidad, llegó hasta el quien desde 1994 ostentaba la condición del Héroe del Trabajo de la República de Cuba. Entre el dolor y el orgullo eterno, habló Capote: «El encuentro ocurrió cuando menos lo pensé. Ya yo era director del contingente Roberto Rodríguez —El Vaquerito— y en marzo de 1987, una orden suya nos lanzó hacia la construcción del vial, el primero con esas características en Cuba, una misión que en aquellos momentos consideramos una locura, porque no es fácil emprenderla a piedras contra el mar, pero era una de esas locuras cuerdas de Fidel, que siempre veía el horizonte y el futuro cercanos» Ellos se conocieron frente al mar, precisa el periodista. Quizás por eso la profundidad y belleza de aquella amistad.

El Héroe siguió trabajando, con marcapaso y todo. Hasta con las hemodiálisis hizo un pacto, para, hasta que las fuerzas se lo permitieron, seguir cumpliendo con Fidel.

Ahora llueve a cántaros en la capital avileña. Es 15 de octubre. Tal vez cuando estas líneas alcancen el ciberespacio, haya dejado de llover. A lo mejor, cuando los internautas las lean mañana el sol brillará radiante, aunque el sol mismo comparta el dolor de mucha gente que veía en Evelio Capote Castillo, y seguirá viendo, al hombre que junto a los suyos hizo realidad un sueño de Fidel y con eso toda una proeza laboral.

Entonces, otra vez muchos veremos ondear en sus manos, la bandera bien ganada por todos, los que como él, hasta el último aliento y con tremendo orgullo, cumplen las órdenes del Comandante en Jefe, porque ese sí que ha sido, el loco más cuerdo de la historia.

 

 

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