Carlos Puebla: el cantor de la Revolución + (Video)

Un 12 de julio de 1989 Carlos Manuel Puebla Concha murió y dejó tras de sí una inmensa obra musical de más de dos mil canciones y 50 fonogramas, donde el humor criollo, el son y la poesía se amalgamaban en una fusión dulcísima.

Nació en Manzanillo en el año 1917, donde el son se tocaba y se llevaba en la sangre con igual intensidad y ya en la década del ’30 incursionaba en la emisora CMKM en esta ciudad, pues a todas luces prefería “venir con una guitarra bajo el brazo para morir cantando antes que morir de hambre”.

Después de las incursiones en la radio fue hasta Santiago de Cuba a trabajar en el Club 300. Luego, llegaría a Matanzas donde integró un trío con Eugenio Domínguez y Francisco Baluja, merecedor del segundo premio en la Corte Suprema del Arte.

Por estos años sería La Bodeguita del Medio su guarida artística, desde donde, junto a Los Tradicionales, trovaba canciones de profundo compromiso social y político sin cobrar un centavo y recompensado solo con la alegría que el sitio transpiraba. “Pasaba los artos catando con la barriga llena y el corazón contento”.

Integraban este grupo de pequeño formato Santiago Martínez, Pedro Sosa y Rafael Lorenzo, quienes empleaban la guitarra, las maracas, el bongó y la marímbula para lograr una sonoridad desbordaba de cubanía y folclor, donde se percibían rasgos del son y la guaracha, así como de otros ritmos africanos y españoles como muestra fehaciente del mosaico cultural que somos.

Al triunfo de la revolución ya componía y cantaba letras “insurrectas” en tiempo de son montuno de modo excepcional. Sin embargo, para completar su formación estudió en el Seminario de Música Popular, dirigido por el pianista y musicólogo Odilio Urfé, y su repertorio se confirmaría como una suerte de épica revolucionaria que le cantaba a la consolidación del proceso cubano, a los héroes, a Fidel Castro, y contra el imperialismo yanqui.

Temas como Hasta siempre Comandante, La OEA no es cosa de risa, Canto a Camilo, La reforma Agraria, Gracias Fidel, Y en eso llegó Fidel lo confirman; sin olvidar otras piezas enmarcadas dentro de la canción romántica como Quiero hablar contigo, Te vieron con él, y ¿Quién se lo iba a imaginar? que terminaron por demostrar la versatilidad de su genio creativo.  

Sencillo, campechano y muy franco declaró en varias ocasiones a la prensa que él no era un cantante, sino un cantor porque cantante es el que tiene con qué y cantor es el que tiene por qué.

Los valores artísticos de sus textos reflejan no solo cubanía, sino poesía y jovialidad, y vivió bajo el precepto de que la música puede ser un soldado que milita al lado del compromiso social y político.

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