Centro 6: a todo volumen (+fotos)

Los ingenieros Ismael Vitón Fajardo (derecha) y Ramón Mayea Burgos no tienen minutos de descanso desde el pasado nueve de septiembre.

Aunque se aferraron en blandir el orgullo de la resistencia, las antenas —conocidas comúnmente como torres— no soportaron la embestida cuando las ráfagas de Irma sobrepasaron los 300 kilómetros por hora, según calculan “meteorólogos” de pueblo y del lugar.

Primero se doblaron y después cayeron retorcidas, como cuando alguien sufre un dolor inaguantable. Poco a poco, Centro 6, el de mayor potencia radiada de onda media en el país, salía del aire y se sumaba al silencio.

Tornillos como estos cedieron ante los vientos de Irma.

“En las pizarras de control nos dábamos cuenta cuando los vientos derribaban las antenas. La primera que se desplomó fue la monopolo de Radio Rebelde, después la del transmisor dos, la 15 y 16, y, por último, las 13 y 14”, comenta Alberto del Pino Martínez, jefe del centro, quien, como otros trabajadores, mantendrá por mucho tiempo en la memoria la pesadilla de la madrugada del nueve de septiembre del 2017.

“Irma dejó el peor de los recuerdos en este lugar, casi en el mismo vórtice del huracán, pues estamos a unos nueve o 10 kilómetros del poblado de Punta Alegre. Y ya se sabe los daños que causó allá. Si aquí no hizo más fue porque la fortaleza de la construcción civil que guarda los equipos de la planta interior, pero en la planta exterior sí acabó”, comenta mientras le dice a Norberto: “enséñale al periodista”. 

Un “enséñale” que ilustra y desgarra.

“Mire para allá, y para allá, y para allá”, afirma desde la altura de la edificación el técnico general Norberto González Rodríguez, mientras gira en un ángulo de 360 grados y muestra la magnitud del destrozo. “De 16 antenas Irma derribó nueve y no sabemos cuánto tiempo demorará en que podamos levantar las necesarias, no por falta de voluntad, si no, porque la industria nacional que las hace no puede asimilar la restauración en tan poco tiempo. Son muchos los angulares, tornillos y estructuras para ponerlas de alta. Nos sentimos como huérfanos de algo. Todavía, ni el paisaje es el mismo.”

A casi 100 metros de altura, los torreros deben maniobrar con precisión de orfebres.

IRMA DEJÓ UN HORMIGUERO

“Pensamos en que a Irma no le gustó escuchar la radio”, comenta Norberto de manera ocurrente mientras rodamos por unos de los viales que llevan allá abajo, donde trabajan, como familias —y como leones—, especialistas avileños y santiagueros de Radiocuba.

La zona parece un hormiguero. El primero en aparecer es Carlos Álvarez Osorio, jefe de brigada en Centro 6, quien dejó a su familia en Punta Alegre y permaneció en su otra trinchera, las del trabajo, cuando las ráfagas se transformaron en demonios. “Él, es fundador del centro”, se adelanta Roberto.

“El desguazo fue grande —precisa Álvarez Osorio—. En verdad, yo estaba medio preparado para lo que en realidad sucedió; digo medio porque no imaginé que se cayeran las antenas del Campo Dos que eran las de las estructuras más fuertes, pero Irma no creyó en eso.

“Ahora nos dedicamos a la conformación de los vientos de los niveles seis y siete para después comenzar a izar los últimos tramos de esta torre, que llegará hasta los 120 metros de altura.

“Yo jamás había visto un fenómeno meteorológico tan furioso” —confiesa—. Y comienza a narrar lo que ya han relatado muchos otros lugareños de la zona de Punta Alegre, pero uno se detiene a oírlos, porque, aunque las historias se parezcan, cada quien es protagonista de la suya.

En el campo de antena, el santiaguero Leonides Leyva Mateo (en segundo plano) transmite a las nuevas generaciones de torreros la experiencia adquirida en más de 40 años en el oficio.

“El viento soplaba y soplaba”, explica Carlos. “Primero para un lado y después para el otro. Se viró del suroeste y fue cuando más torres cayeron. Parece que primero las aflojó y después les dio el zarpazo final. Fíjate que hasta sacó algunos anclajes enterrados como a dos metros de profundidad”.

En un mar de hierba baja y ninguna sombra, Leonides Leyva Mateo, un moreno, con una fortaleza física que se burla de los 65 años cumplidos, explica que llegaron desde Santiago de Cuba para ayudar a los avileños, porque “la familia de Radiocuba es una en el país, y aquí estamos”, sentencia con frase vertical.

“No aprietes más la tuerca. El tornillo chiquito debes ponerlo por la parte de atrás”, ordena Leonides a Vanian Carrión, quien se adentra en el secreto del trabajo de los torreros.

“Aquí también tengo a Alejandro Quintana y a Yurislexy Leyva, a quienes formé como torreros. Ya están listos para irse a las alturas. Yo he enseñado a jóvenes en Cuba, Angola y Venezuela. Para desempeñarse en este oficio uno debe de tener preparación física, psicológica y valor”, afirma sin dejar de trabajar ni de observar el desenvolvimiento de los otros seis de la brigada. “Todos saben qué hacer, pero uno debe chequear cada actividad”, asegura.

Casi a su lado, Wilbert López Pérez, del propio Centro-6, natural del poblado de Punta Alegre, fue otro de los que vino a capear el temporal al lugar donde se formó como torrero. “Tenía la preocupación de dejar mi casa sola, pero el deber llamaba y decidí venir”.

Ver crecer la antena siempre produce satisfacción en el torrero.

Raudel Fernández Rey no puede describir la película de espanto de aquella noche de bado, la del paso del huracán Irma por Punta Alegre. Permanecía en Santiago de Cuba y mientras oía la noticia, ponía “las barbas en remojo”. Estaba convencido —como sucedió— de que en unas horas sería llamado a cooperar con algunos de los territorios afectados.

Horas después ya estaba en Centro 6, operando el winche. Le restaba importancia a quienes permanecían a su lado. No oía, o no quería escuchar, las preguntas de la prensa. Se le veía concentrado en la maniobra de izaje de los tramos de antena, las herramientas, y hasta los botellones de oxicorte que debían enviar a las alturas. “No se asombre, allá arriba también soldamos”.

“La plaza de winchero no existe como tal. Somos torreros que nos dedicamos a esa labor, que requiere de mucha destreza y vista de águila para realizar maniobras exactas. Uno debe de estar siempre pendiente a todo, a lo que sucede abajo y encima de las torres. Imagínese un error a 60 metros de altura, o a 120”, sostiene Raudel, y a seguidas remata: “Desde el exterior, nosotros garantizamos el trabajo de la planta interior, y ellos el de nosotros. Sin esa simbiosis obligada no salen las señales al aire”.

NO SOLO LAS TORRES SE LEVANTAN

Centro 6, un entramado de conductores y torres.

Aunque el edificio que resguarda la planta interior (donde están los transmisores) parece bien plantado, Irma lo zarandeó y por cada rendija entró la lluvia, el salitre y después quedó la humedad. ¡No parece haber hecho tanto daño en el local!, le comento a Ismael Vitón Fajardo, ingeniero en audio y video, quien, con la paciencia del más avezado de los orfebres, daba mantenimiento a los equipos.

“¡Qué no! Irma dañó los circuitos integrados, las tarjetas de los módulos de potencia de los transmisores, compuestos por 80 gabinetes que, a su vez, están formados por circuitos integrados, transistores, trasformadores, condensadores y resistencias, entre otros componentes electrónicos.

“Después hubo que darle manteamiento al transmisor, desarmarlo, lavarlo con agua destilada y detergente; ponerlo a secar, darle calor, ensamblarlo, comprobarlo y montarlo de nuevo. Todo es parte de un proceso que no podemos violentar.

“Esa actividad la terminamos. Ahora laboramos en la placa interfase para la puesta en marcha del transmisor 890 kilohertz (kHz) de Radio Progreso, que saldrá al aire cuando concluya el alistamiento de la antena monopolo.”

El ingeniero Ramón Mayea Burgos, con 27 años de experiencia en el oficio, es de poco decir. Ante la duda del reportero, Mayea detalla que la placa interfase unifica los módulos de potencia del transmisor para que salga al aire cuando esté lista la antena.

“Pocos días después del ciclón, los oyentes pudieron escuchar la emisora Radio Rebelde, por la frecuencia de 710 kHz y por la 1180. Solo falta la salida al aire de Radio Progreso por los 890 kHz, aunque los oyentes de esa emisora pueden escucharla por la frecuencia 820, con un transmisor situado en la cabecera provincial”.

Quienes transitan hacia o desde Punta Alegre y ladean el rostro, saben que no están todas las antenas. Algunas serán montadas de nuevo; otras, jamás volverán a empinarse hacia el cielo, pero ello no impidió que los técnicos y trabajadores de Centro 6, unido a fuerzas de otras provincias, sacaran las señales al éter en el tiempo mínimo posible, a pesar de Irma.

Alberto del Pino Martínez, sentado, y varios de los trabajadores mantendrán por mucho tiempo en la memoria la pesadilla de la madrugada del nueve de septiembre del 2017.

 

Irma sacó anclajes como el de la imagen, enterrados a dos metros de profundidad.

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