Con el agua al cuello

Tanto azotó la sequía al río Majagua en los últimos tres años que comenzó a exhibir su espinazo pedregoso. El agua dejó de correr y el cauce se deshizo en pequeños charcos, en lagunillas donde la gente iba a rumiar la nostalgia de verano sin otro atractivo que alguna botella de ron o zambullida peligrosa por la poca profundidad y la contaminación reinante.

«Si el río no corre, no hay verano en Majagua, afirma Lubia, categórica, una nativa acostumbrada a visitarlo junto a su familia en las tardes de verano, el momento ideal para compartir con el nieto, quien a su corta edad aprende a dar las primeras braceadas.

Cuando los nativos pensaban que el cambio climático se había robado el río, regresó; primero con el huracán Irma; después, con la tormenta subtropical Alberto, en mayo último.

Cualquier managüense lleva las cuentas y hasta es capaz de comentarte con precisión milimétrica que el cauce creció el 10 de diciembre pasado, y que volvió a hacerlo el 10 de enero último, y también en mayo. Y uno le cree porque para el forastero son cuentas sin importancia, «sin ton ni son», mas no para el lugareño tan acostumbrado a la corriente como a las fiestas de los bandos rojos y azules.

 

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