El Cruce de la Trocha

 

Hace hoy 143 años ocurrió uno de los acontecimientos más trascendentales en la historia de las luchas por la independencia en Ciego de Ávila: el primer cruce de la Trocha de Júcaro a Morón por el Generalísimo Máximo Gómez Báez.

Días antes el general Gómez informó a su estado mayor y a los oficiales, el propósito de invadir cinco villas; idea que acogieron con mucho entusiasmo.

La tropa se movió hacia el Oeste, pasando por Los Güiros, Ciego Grande, San Rafael, Chamendi, Palenque y de nuevo rumbo Norte. Llegaron a Sabanalamar la noche del 5 al 6 de enero Y se   reorganizó la tropa con rapidez.

A la una de la madrugada salió la columna. La infantería limitaba la velocidad de la marcha; muchos iban descalzos y mal vestidos.

En sus memorias José Gómez Cardoso, oficial avileño cuenta que al General le quedaba pendiente una decisión y mirándole directamente le ordenó y cito: «Usted, comandante, conoce la zona de operación. Por ello tendrá la tarea de conducir esta tropa por senderos que nos libren del enemigo y hagan fracasar la empresa. Busque cómo poner la tropa en las Cinco Villas con seguridad». Así el patriota fue designado práctico de aquella columna de 1164 hombres”.

¿Cómo pudieron burlar una barrera tan peligrosa, considerada infranqueable?

Sobre el histórico momento escribió José Gómez Cardoso: «En lo personal, aquella misión era de una responsabilidad muy grande, la mayor encomendada por el General. Podía fracasar la misión si no los conducía por ruta certera. Iba preocupado por el camino que les había orientado tomar a los exploradores, según los puntos de referencias. Un encuentro con las patrullas montadas enemigas podría alertar a las fuerzas españolas. Al amanecer arribamos al famoso bastión, a pocos metros de un fuerte. El ánimo de nuestra tropa se elevó.

La historia tuvo una pauta aquel 6 de enero de 1875, cuando la más poderosa fuerza insurrecta destruyó el mito de invulnerable que tanto había sido utilizado para ensalzar las fuerzas españolas. El general Máximo Gómez daba una lección más de táctica militar y ponía en alto el prestigio insurrecto. Era la primera vez que el dominicano de la leyenda pisaba tierra avileña.

 

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