Cuando el patriotismo se lleva en la sangre

FOTO: Roberto Ruiz Espinosa.
FOTO: Roberto Ruiz Espinosa.

Hay sentimientos que hacen al ser humano superar cualquier barrera. El amor hacia la patria es uno de ellos. El mismo que llevó a la joven palestina Ahed Tamimi a abofetear a un soldado israelí hace ocho meses por usurpar la tierra que la vio nacer.

Hoy el mundo se une para reclamar la puesta en libertad de esta rubia rebelde que cerró su puño ante los agresores de sus hermanos cisjordanos y que aún guarda prisión sin argumentos contundentes según refieren los reportes.

La referencia la traigo a colación porque cuando en Cuba, estamos próximos a celebrar el aniversario 56 de la Unión de Jóvenes Comunistas y el 57 de la Organización de Pioneros José Martí, la historia de esta muchacha palestina me hace pensar que no es sólo en el conflicto Israel-Palestina donde se pueden encontrar heroicas historias de lucha de niños, adolescentes y jóvenes. Acá en la isla grande del Caribe el suelo también es testigo de la sangre vertida hasta alcanzar la libertad soñada en enero de 1959.

Así lo refiere la obra “Los niños de la guerra (Cuba 1868-1878)” del escritor José Abreu Cardet en la cual se recogen los pormenores de las  familias insurrectas en los campos cubanos durante el enfrentamiento a las tropas españolas mejor pertrechadas de alimentos y armas que las mambisas.

Un ejemplo claro de patriotismo lo tenemos en el joven José Martí quien con sólo 17 fue encarcelado por la crítica hecha a un compañero de estudio cuando decidió ingresar al cuerpo de voluntarios españoles. Por eso sufrió condena, trabajo forzado en las canteras de San Lázaro y el exilio, más jamás su espíritu flaqueó ante la decisión de ser estrella y no yugo.

Y ¿Qué decir de los ocho estudiantes de medicina vilmente fusilados el 27 de noviembre de 1871 por “ultrajar” la tumba de un oficial español;  o de Panchito Gómez Toro?

Larga resulta la lista de los cubanos caídos, en la flor de la vida, durante el período colonial como también significativa resulta aquella que  recoge a los mártires de la Cuba republicana como Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, José Antonio Echevarría, la joven santiaguera América Labadí de 16 años asesinada por la policía o el mestizo Raúl Cervantes Cervantes en Ciego de Ávila, entre muchos otros.  Muchachas y muchachos que hoy son guía y faro de quienes en pleno siglo XXI  enarbolan las banderas del socialismo, la paz y el derecho a la soberanía.

Por eso, para la juventud cubana, la celebración de este 4 de abril cobra matices diferentes a los que viven sus semejantes en el resto del mundo. Con  la etiqueta #HacemosCuba se define la voluntad de vivir en un país que se construye y revoluciona día a día bajo los mismos principios de aquellos que hoy son seres de Luz y que dieron la gloria a nuestro pueblo.

Nada podrá detener la marcha de la historia, expresó Fidel Castro durante la entrevista concedida al congresista norteamericano Mervin Dymally y al académico Jeffrey M. Elliot el 27 de marzo de 1985. Allí dejó claro, una vez más, los valores que nos distinguen y fortalecen. Aquellos que nos llevan a que se nos ponga la piel de gallina al entonar las notas del Himno Nacional de Cuba, a enfrentar al ébola en tierras africanas o a gritar a todo pulmón “Yo soy Fidel”, “Patria o Muerte” “Venceremos”.

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