Cuba, las coyunturas y los temores de crisis

Caricatura de Osval, tomada de Escambray

Cuba transita por una situación energética coyuntural, propiciada por el recrudecimiento del bloqueo y el asedio comercial de Estados Unidos no solo a la Isla, sino a varios países Latinoamericanos.

El presidente de los Consejos de Estado y de Ministros Miguel Díaz-Canel Bermúdez compareció ante las cámaras de televisión y, en un valiente acto de comunicación política y de transparencia social, explicó el panorama y llamó a la confianza, la sensatez y el ahorro.

A pesar de que la Isla no cuenta por estos días con todo combustible necesario –hasta el próximo 14 de septiembre, y luego hasta octubre con algunas limitaciones-, para que la economía y los servicios marchen con total normalidad, tampoco estamos paralizados, como sentencian los titulares de algunos medios internacionales.

Aseguraba Alejandro Gil Fernández, ministro de Economía y Planificación, que se priorizan aquellas actividades vitales como el turismo, una de las principales fuentes de ingresos del país, y los servicios básicos a la población, mientras se posponen otras como la producción de níquel y cemento y se ralentiza la ejecución de algunas inversiones.

Más allá de los temores, quedó claro que esta situación no es ni parecida a la crisis vivida en los años 90 del pasado siglo que eufemísticamente llamamos “período especial de la economía”.

Cuba hoy tiene otras condiciones, aseguraba Gil Fernández en el espacio televisivo Mesa Redonda, pues existe un Plan de Desarrollo hasta 2030, la proyección de incrementar el Producto Interno Bruto -a la que no se renuncia a pesar de las circunstancias-, “y no hemos perdido el 80% de comercio exterior, como ocurrió en aquel momento. Hoy tenemos un mercado mucho más diversificado”.

Transitar con éxito por esta etapa y por las sucesivas que pudieran aparecer, depende por un lado de la proyección gubernamental y por otro, de la actitud y la respuesta social, evidenciadas entre otras cuestiones en aspectos claves como evitar el acaparamiento y la especulación y denunciarlo ahí donde ocurra.

Sin embargo, todo no debe ni puede quedar a la espontaneidad popular, también el cuerpo de inspectores estatales y las instituciones pertinentes están obligados a hacer cumplir lo establecido.

Nada justifica, por ejemplo, que se disparen los precios de los productos ni en el sector estatal ni en los cuentapropistas, ni que transiten ómnibus vacíos por nuestras calles, y mucho menos que un cuadro no se detenga para apoyar la transportación pública en un punto de embarque o una parada habitual del transporte público. Ser servidores públicos también exige esas actitudes, no solo en esta situación coyuntural, sino en todos los tiempos.

Hay que desempolvar y desplegar todo el control necesario para hacer cumplir la Resolución 435 del 2012 del Ministerio de Transporte que establece la obligatoriedad de parar y cooperar con el traslado de pasajeros en los puntos de embarque -52 existentes en Ciego de Ávila- y hay que sancionar, ¡sí, sancionar!, y severamente, a quienes no lo hacen.

Los directivos de todas las instituciones y empresas responsabilizados con el aprovechamiento de combustible deben arreciar el control de los portadores energéticos, para que no vaya a parar ni un litro de diésel a otro parte que no sea el consumo social.

Son solo algunas de las cuestiones que podemos hacer para atravesar por este período coyuntural de la manera mejor posible. Ideas, iniciativas podrían surgir muchas, e incluso, como aclaraba el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, podríamos generalizar, en condiciones normales, aquellas que más aporten a nuestro desarrollo como nación.

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