De la huella avileña en los Centrocaribes. Parte 6

Pastor retuvo el título en Panamá, pero como en esa ocasión se premiaron todos los movimientos en el levantamiento de pesas, regresó a la Patria con dos medallas de oro, y otras tantas de plata.

La delegación cubana que asistió a los XI Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, con sede en Ciudad Panamá, lo hizo enfocada en el objetivo de suplantar a México del liderazgo regional.

El 28 de febrero de 1970 se abrieron las imaginarias cortinas del evento, en el que un trío de jóvenes de Ciego de Ávila se adueñó de cuatro medallas de oro.

Como en 1966, los cubanos triunfaron en el deporte de las bolas y los strikes, y nuevamente Felipe Sarduy estuvo entre los campeones, solo que, esta vez, lo hizo como eficiente defensor de la primera almohadilla (cuatro años atrás había patrullado el bosque central).

La novena de la mayor de las Antillas enfrentó a ocho adversarios y en cada entrada —72 en total—, actuó el inicialista oriundo del actual municipio avileño de Venezuela, guarismo que solo igualó en los jardines el matancero Fermín Laffita.

Sarduy facturó 81 outs, con una asistencia y par de errores en 84 lances, números que le reportaron un promedio defensivo de 976. Y al bate, compiló average de 300, resultado de nueve batazos efectivos en 30 turnos oficiales, incluidos un doble, un triple y un cuadrangular. Además, recibió cinco boletos, recorrió un total de 15 bases, empujó cuatro carreras, anotó siete y fue ponchado en cinco oportunidades.

En el tatami instalado en el colegio Javier, donde también acontecieron las competencias de lucha, Raimundo Jorge Alemán Carbonell encabezó el grupo B de la división Semiligera (63 kg) del judo, con triunfos ante el salvadoreño Mauricio Sandoval y el boricua Héctor Quesada.

A continuación salió por la puerta ancha en el combate con Richenel Van Frederic, representante de Antillas Holandesas que, a su vez, había superado en el repechage al mexicano Raúl Foullón.

En la discusión del título, Alemán fue mejor que el venezolano Alberto Lira. Para Von Frederic y Quesada fueron las medallas de bronce.

Pero la mayor cosecha avileña estaba reservada para el pesista Pastor Rodríguez Luis. Tuto, como lo identifican en Ciego de Ávila, se adueñó de las medallas de oro en fuerza (sostuvo 130 kg, récord nacional y para los Juegos) y en la suma de los tres movimientos (385, récord para los Juegos) que por entonces comprendía las competencias en este deporte, y, además, terminó como subcampeón en arranque (110 kg) y envión (145 kg).

Víctor López, de Puerto Rico, ganó la prueba de arranque con una alzada de 117.5 kg (también marca para los Juegos) y el venezolano Francisco Monzant el envión (150 kg).

Cuando el 14 de marzo fueron clausurados los Juegos, la reducida representación de las regiones avileñas que entonces formaban parte de la provincia de Camagüey regresa a la patria chica con cuatro medallas físicas de oro, tres de plata y una de bronce, pues en el campo y pista, al subtítulo de Marina Samuel en el salto de longitud para damas, se sumó el inesperado bronce en el lanzamiento del martillo del cunagüero Jesús M. Ulloa López.

A la hora del recuento, lo más importante para la comitiva cubana había sido el logro del objetivo propuesto: regresó de Panamá con una siega de 98 títulos, 61 subtítulos y 51 terceros lugares para dejar bien distante a los mexicanos quienes sumaron 38, 46 y 40.

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