Cumplir con Fidel es lo más importante

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La Campaña de Alfabetización permitió erradicar el analfabetismo y facilitar el acceso universal a los distintos niveles de educación de manera gratuita.
La Campaña de Alfabetización permitió erradicar el analfabetismo y facilitar el acceso universal a los distintos niveles de educación de manera gratuita.

La vocación nació con ella. Por eso a sus 68 años de vida y 50 de actividad ininterrumpida frente al aula, Marlene Vilar de los Santos Finalé, no deja de afirmar que Ser Maestra es su sueño mayor hecho realidad.

Cuando se le pregunta el por qué escogió esa profesión, responde rauda:

“Desde muy pequeñita mi juego preferido era el de la escuelita, como se suele decir. A veces pienso que nací maestra. Hasta las tejas de mi casa me servían de alumnos”

La influencia no le llega por la familia y sí por aquellos maestros que, antes del triunfo de la Revolución, venían de otros lugares hasta Ciego de Ávila buscando trabajo. Muchos se alojaban en la casa de su abuela, que era de huéspedes y allí la inquieta niña no les perdía pie ni pisada. A muchos los ayudaba a forrar libros o a hacer dibujos para las clases de Biología. Según declara, para ella “aquello fue un entrenamiento para lo que vendría después”

No hubo duda y sí muchos deseos de hacer, cuando Fidel y la Revolución llamaron para alfabetizar a los cerca de 2 millones de personas entre   analfabetos y semianalfabetos, que existían en el país.

“Para mí fue muy importante, asegura Marlene. Era la primera vez que como niña de ciudad iba para el campo. Allí aprendí muchas cosas. Allí conocí a gente extraordinaria, como el dueño de la casa en la que me quedé. Él era de pocas palabras, pero causó en mí una impresión tremenda. Yo no sabía ni encender un fósforo, así que se dio a la tarea de mantener encendido, todo el tiempo de la campaña, el quinqué. La alfabetización llevó la luz del saber a su familia y nosotros tuvimos allí luz, gracias a ese señor”

No olvida que fue allí donde por primera vez le dijeron maestra y que aquella fue verdaderamente su aula primera. Con nostalgia rememora, también el primer obsequio recibido.

“El regalo me lo hizo un pichón de haitiano, que vivía en la cooperativa cañera “Rigoberto Pérez Carbó”, a la que me habían asignado como alfabetizadora. No se trataba de nada lujoso, ni comprado en tienda. Sencillamente era una manito de plátanos, pero que, para mí, hasta este día, vale más que todo el oro del mundo”.

Han transcurrido 55 años de aquella proeza. Sus protagonistas fueron hombres y mujeres, muchos de ellos casi niños, en los que el sentimiento, al cabo de más de medio siglo, no varía. El compromiso de no fallarle a Fidel lo mantienen vivo. No deja de ser el inspirador. “Por esa razón, afirma Marlene, él es el ideal del magisterio cubano, junto a Martí”.

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