Danza española en el Principal

Esta vez fue la danza española, cultivada desde diversos ritmos, la que subió a las tablas del teatro Principal de Ciego de Ávila en las coreografías atrevidas de la compañía Iberodance.
Figuras complejas sobre el escenario, solos, y movimientos precisos y coherentes anunciaron la hibridez del espectáculo, lo mismo por las irrenunciables castañuelas y los tacones aguzados, que por la incorporación de ritmos ajenos al repertorio tradicional del flamenco.
Quizás, esta fue uno de los mayores rezagos de la cita: la selección de canciones de autores como Marc Anthony o Juanes que transformaron la elegancia del momento en un posible show para cabaret.
La ausencia de cualquier concepto escenográfico y un trabajo de luces casi imperceptible fueron otras estocadas mortales. Por su parte, el diseño de vestuario mostró vuelos exuberantes que, luego, mutaron a pantalones ceñidos, tirantes, y escotes, sin perder la gracia y la unidad estética.
Encomiable fue que los artistas decidieran presentarse en lugar de quedarse tras bambalinas, pues solo 10 personas – si excluimos a la prensa– ocuparon las lunetas del Principal, para confirmar un panorama vergonzoso y harto conocido en Ciego de Ávila: la promoción es pésima y el público se “desentiende” del fenómeno artístico-cultural.
Iberodance surgió a partir de la unión entre la agrupación Fusdanz, la escuela de baile de la Federación de Asociaciones Asturianas de Cuba, y la Sociedad de Instrucción y Recreo Emigrados de Riotorto e Hijos del Ayuntamiento de Boal. A pesar de su corta carrera artística ha conquistado espacio y audiencia.
