De la huella avileña en los Centrocaribes. Parte 2

Cuatro años después de la discreta actuación cubana en Jamaica, 1962, el movimiento deportivo cubano daría muestras de significativos avances en los juegos deportivos regionales más antiguos del planeta.
La historia de las presiones y chantajes con los cuales el gobierno de los Estados Unidos intentó impedir la participación cubana en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, efectuados del 11 al 25 de junio de 1966 en Puerto Rico, es bien conocida, sobre todo la determinación de los atletas y directivos de no dejarse intimidar por nada, hasta arribar a las costas boricuas, después de realizar la travesía rumbo a la sede a bordo del buque Cerro Pelado.
Ya en los escenarios de la competencia, la labor de los halteristas criollos fue encomiable. Cuatro años atrás lo mejor de la comitiva de forzudos había sido un octavo lugar, sin embargo, en tierras puertorriqueñas se hizo ostensible el adelanto de la Mayor de las Antillas.
Precisamente, correspondió a un joven avileño de 27 años, Pastor Rodríguez Luis, Tuto, el honor de abrirle la senda ganadora a una delegación formada por 267 atletas, de ellos, 207 hombres y 60 mujeres.
En horas de la noche del miércoles, 15 de junio, se efectuó la tercera jornada competitiva en la que intervinieron levantadores de la división ligera (hasta 67,5 kilogramos (kg) de peso corporal). Tras una dura porfía con su coterráneo Arnaldo Muñoz y el trinitario Hugo Gittens, Pastor se hizo del metal más preciado.
Significativo resultó su duelo con Muñoz, muy nivelado en las pruebas de fuerza (ya eliminada), arranque y envión. Baste decir que Rodríguez le sacó 2,5 kg a su compatriota en la primera de estas modalidades (120 kg por 117,5), pero poco después Muñoz levantó 115 en el arranque por 110 su adversario. La situación volvió a cambiar cuando Tuto aseguró una alzada de 145 kg de envión, cinco más que Arnaldo.
En la suma de los tres movimientos, el nuevo monarca llegó a 375 kg, Muñoz quedó en 372,5 y Gittens se hizo del bronce con 370.
Las cotas de Pastor en las pruebas que encabezó constituyeron récords para los Juegos, lo mismo que la cifra tope de Muñoz en el arranque.
La prensa de la época reflejó las declaraciones del ganador: “Por encima de todo quiero dedicar este triunfo a mi pueblo, que ha seguido atentamente nuestras actuaciones y quienes hacen posible los triunfos del deporte cubano.”
Sería este el primer éxito de Tuto en competencias multideportivas (centro y panamericanos) y la brújula para la delegación de la Perla del Caribe, que en las instalaciones puertorriqueñas acumuló 35 medallas de oro, 19 de plata y 24 de bronce, para una suma de 78, muy cercana a la conseguida por los punteros mexicanos (83), quienes se les adelantaron mediante 38 títulos, 23 subcampeonatos y 22 bronces.
En lo concerniente a la halterofilia, la dupla Rodríguez-Muñoz tuvo el feliz acompañamiento de Claudio Somodevilla, rey en la división mediano pesada (90 kg), además, obtuvieron medallas de bronce el pluma (60 kg) Sergio Méndez y el mediano (75 kg) Vicente Osorio.
Esta vez las pesas fueron dominadas por el elenco anfitrión, que subió al escalón más alto del podio a Fernando Báez (56 kg), Ángel Pagán (75) y José Figueroa (82,5), pero el pujante conjunto cubano quedó bien cerca de la cima, la que tomaría por asalto en la siguiente versión de los Centroamericanos.
