El carácter mambí y revitalizador de las constituciones cubanas

Si en plena gestas independentistas las constituciones del siglo XIX nos legaron la vocación republicana, parlamentaria y democrática que hoy ejercemos, la de 1976 es heredera de aquellas y surgió en similares circunstancias.

Una prueba irrefutable de ello es que la primera Ley de Leyes de la Revolución tiene un carácter eminentemente mambí por el hecho de que nació, igualmente, en medio del combate, en lucha estoica contra el bloqueo económico, financiero y comercial de Estados Unidos, considerado el genocidio más largo de la historia.

Por si fuera poco, emergió en medio del enfrentamiento a todo tipo de acciones terroristas, como la del brutal asesinato en 1976  de 73 personas en el vuelo de Cubana de Aviación, atentados con bombas en embajadas cubanas y ataques a barcos pesqueros, entre otros innumerables actos de vandalismo que se extienden en el tiempo hasta nuestros días, pero más refinados.

Jorge Lezcano Pérez, un prolífero estudioso del Poder Popular, gobierno y democracia cubanos, argumentó a la Agencia Cubana de Noticias  cuánto hay del ideario martiano en la Carta Magna Socialista y de su más fiel seguidor e intérprete, el Comandante en Jefe Fidel Castro.

El máximo líder de la Revolución se adelantó a su época y en 1975, en el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, cuando anunció la necesidad de dotar al país de una constitución  “que consolide lo que somos hoy y que nos ayude a alcanzar lo que queremos ser mañana”.

Además, que consagrara el anhelo de nuestro Héroe Nacional de que la  “ley primera de nuestra  República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del  hombre” y que también fuera “una ley viva y práctica”.

Siempre sobre esa inalterable concepción, desde entonces solo han habido tres reformas por acuerdo de la Asamblea Nacional del Poder Popular, la primera de las cuales en 1978 para que la Isla de Pinos pasara a llamarse Isla de la Juventud; y la segunda en 1992, cuando decidió la realización de ajustes a la economía para desafiar el período especial, que todavía padecemos sus consecuencias.

Estableció también nuevas formas de elección de los diputados y los delegados a las asambleas provinciales, así como la garantía y ampliación del ejercicio de numerosos derechos y libertades fundamentales, al igual que civiles y políticos de los ciudadanos y extranjeros.

La tercera, en 2002, evidenció el acendrado antimperialismo nacional ante la belicosidad del presidente George W.Bush,  cuando en un plebiscito más de ocho millones de cubanos ratificaron con sus firmas el contenido socialista de su norma jurídica.

Para Lezcano Pérez, así nació la constitución que da garantía jurídica legal al sistema político y la democracia cubana, no parlamentaria, no presidencialista, autóctona, y en ese sentido citó al Héroe Nacional José Martí: “Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria”.

Sin embargo, advirtió que las leyes no son eternas, y aunque se hacen con una determinada durabilidad, “siempre son superadas por el tiempo y por la aparición de un nuevo escenario económico, político y social\”.

En consecuencia, añadió, si tomamos la institucionalidad como el respeto y cumplimiento de la Constitución, de las leyes y demás normas jurídicas, como obligación de cumplirlas de ciudadanos e instituciones y también de gobernabilidad, el perfeccionamiento de la de 1976 debe concebir el modo de que la obedezcan.

Coincidió con que es necesario ajustar la Ley de leyes a la realidad actual, que muestra manifestaciones negativas en la sociedad, en particular, el daño a la propiedad social, evasión de pagos, incumplimiento de normas de convivencia social, venta ilegal de productos, robo en su peso, especulación y acaparamiento de básicos, falta de control y exigencia, así como también de actos delictivos y corrupción.

Son resultado, en lo fundamental, ya sea por desconocimiento, con intencionalidad o pérdida de valores, de violaciones groseras e inaceptables de la Constitución y las leyes vigentes, especificó.

Pese a que esta última define que la propiedad estatal socialista pertenece a todo el pueblo, aún no está enraizado en todos los trabajadores el conocimiento  de la identidad que existe entre él y la economía;  ni la convicción de que es beneficiado o perjudicado directo del resultado de la producción y los servicios.

Por suerte, sostuvo, tenemos el antídoto y las herramientas clave para ganar esta batalla en el campo de las ideas, por la continuidad de la vigencia del pensamiento de José Martí y de Fidel Castro en cuanto al valor de los factores morales, éticos, culturales.

“El Socialismo es una cosa diferente por completo, en que todo se basa, fundamentalmente, en la conciencia, en la solidaridad, la cooperación entre los hombres, la disciplina consciente, la lucha contra el individualismo, contra el egoísmo”, aseguró el Comandante de la Esperanza Latinoamericana en pleno período especial.

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