El más nacedor

Todo lo que escribió Eduardo Galeano para mí tiene un significado, una razón. No por gusto clasifica como uno de mis escritores favoritos. El uruguayo sabía utilizar las palabras precisas, de tal forma, que muchas veces no requería tantas líneas para hacerse entender. Por eso cuando escribió El nacedor sintetizó la magnitud y la grandeza de la personalidad del Guerrillero Heroico.

También lo dejó plasmado en libro «Memorias del Fuego» ,específicamente en la tercera  parte. Leer este texto nos remite al momento justo de los sucesos. Entonces puedes estar en el Campamento El Hombrito, en 1957, y ver como el Che brinda asistencia médica a todo el que lo necesita:

En el consultorio del Hombrito, el Che atiende a una caravana de niños barrigudos, casi enanos, y muchachas viejas, gastadas en pocos años de mucho parir y poco comer, y hombres que son como pellejos secos y vacíos, porque la miseria va convirtiendo a cada cual en su propia momia.

De igual forma, puedes experimentar que se te achica el corazón al leer el pasaje de la muerte de ese hombre imprescindible. Y también la rabia y la impotencia se adueñan de ese mismo corazón que se puso chico, al leer la descripción de los hechos. Y si el tiempo pudiera volver atrás, pedirías un fusil, y llegarías para morir con él, mirándole a los ojos a los enemigos, como para que se queden ciegos:

Sentado, sigue peleando, hasta que le vuelan el fusil de las manos. Los soldados disputan a manotazos el reloj, la cantimplora, el cinturón, la pipa. Varios oficiales lo interrogan, uno tras otro. El Che calla y mana sangre. El contralmirante Ugarteche, osado lobo de tierra, jefe de la Marina de un país sin mar, lo insulta y lo amenaza. El Che le escupe la cara. Desde La Paz, llega la orden de liquidar al prisionero. Una ráfaga lo acribilla. El Che muere de bala, muere a traición, poco antes de cumplir cuarenta años, exactamente a la misma edad a la que murieron, también de bala, también a traición, Zapata y Sandino.

Galeno dijo, o escribió que el Che tiene la peligrosa costumbre de seguir naciendo. Y no mintió el sabio uruguayo. Cada 8 de octubre, aquí en Cuba, el Che se multiplica en pañoletas azules colgadas al cuello del futuro. La Patria se llena de luz. Recordar al héroe en su último combate significa no dejarlo morir y muchos menos que lo asesinen. Por eso volvió con su Destacamento de Refuerzo y con mirada atenta, permanece en la Santa Clara, que un día despertó para verle. Por eso, las voces de los nuevos pioneros, aseguran que por el Comunismo, serán como él.

 Y Eduardo sigue teniendo razón, porque “El Che, vencido, derrota al olvido cada día”.

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