El voto de Alba

Hoy fue ella la que me despertó. No quería ir sola y la comprendí. Las madres siempre comprendemos a nuestros hijos. Salimos temprano, no obstante ya el movimiento en el barrio era perceptible. Me sentí animada. El pueblo estaba respondiendo al llamado de demostrar la grandeza de nuestra obra y lo genuino de nuestro sistema.

Al llegar al colegio electoral que nos corresponde, la Comisión a cargo le dio la bienvenida. Con notable amabilidad le explicaron paso por paso lo que debía hacer, aunque ya ella me lo había preguntado hasta la saciedad. Experimenté un regocijo tal que por un momento mi pensamiento de madre orgullosa la colocó en el centro del universo. Después de todo me dio gracia, porque ni el proceso es tan complicado, ni ella acude por vez primera a un colegio electoral. En otras oportunidades ha estado, solo que como pionera, custodiando disciplinadamente las urnas.

Para Alba, mi hija, hasta la asamblea de nominación de candidatos a delegados fue un acontecimiento. Esa noche la miré extasiada y comprendí que mi compromiso con la Patria crecía y que tanto ella como su hermano, que también hoy ejerció por vez primera el voto, guiado por su papá, forman parte de ese compromiso. Continuar educándolos, esclareciéndoles dudas, alertándolos y fortaleciéndo en ellos esos valores morales y éticos que nos hacen fuertes, irrepetibles y en los que creemos, es tarea diaria.

Mañana en su Universidad de Ciencias Médicas, Alba contará su experiencia. La compartirá con los jóvenes de su grupo, que como ella también acudieron este 26 de noviembre a la cita con el futuro, del cual son protagonistas. Lo hará quizás, mientras marchen para recordar a los ocho estudiantes de Medicina, asesinados por el gobierno colonialista español, aquel 27 de noviembre de 1871. También lo hará José Ricardo, mi hijo, que con sus 16 años recién cumplidos ha votado por quien considera la mejor persona para representarlo en la Asamblea Municipal.

Hoy fue ella la que me despertó, y una vez más le di gracias a la vida como madre, como cubana, como revolucionaria. Le di gracias a Fidel y a la Revolución, por la que una vez más, voté. O mejor dicho, ¡votamos!

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