Embarazos ¿planificados?

Un sondeo a los principales indicadores de salud de Ciego de Ávila muestra, lastimosamente, que los embarazos precoces constituyen un problema de salud grave en la provincia, donde la tendencia ha sido el aumento en los últimos años, y que, si bien pasan por el filtro del Sistema de Salud y encienden la alarma, todavía son insuficientes las acciones.

Al cierre del primer trimestre del año de las 1339 gestantes captadas, el 19, 7 por ciento se corresponden con adolescentes entre los 12 y los 20 años de edad, lo cual se traduce en más de 200 jóvenes que tendrán que interrumpir sus estudios, verán enrarecida su economía familiar e invertirán un proyecto de vida en el que, se supone, la crianza de un hijo se comparta y llegue en el mejor momento.

Si les dieran una segunda oportunidad lo harían diferente, pero en estos casos no existe vuelta atrás. Entonces los caminos se bifurcan entre un aborto, que en cualquiera de sus variadas formas es un riesgo y sobre el que siempre gravitará la posibilidad de la infertilidad, o aguantar, con todo el significado del término, un embarazo para el que no están listas ni psicológica ni biológicamente.

Al respecto, Sara María Herrera Oliva, al frente del Programa Materno Infantil (PAMI) en la provincia, describe el fenómeno como un problema que atañe a toda la sociedad. “Dotar al adolescente de conocimientos sobre su sexualidad y prácticas de riesgo es un proceso que debe iniciar en la familia y continuar en la escuela. Desde las instituciones culturales hasta Salud y la comunidad deben inmiscuirse en este asunto para lograr resultados positivos.”

Entre las complicaciones a padecer aparecen: bajo peso al nacer, prematuridad, malformaciones congénitas, anemia, restricción del crecimiento intrauterino, la falta de desarrollo de la pelvis que condiciona la desproporción cefalopélvica, los padecimientos hipertensivos durante la gestación y el desarrollo de problemas de placenta.

La poca percepción de riesgo, o mejor, de lo mucho que les puede cambiar la vida cuando sean madres se apunta en la lista de condicionantes, a la que se suman la falta de educación sexual y reproductiva a pesar de los intentos de priorizarla, el resquebrajamiento del rol educativo de la familia, el acortamiento de la infancia y el inicio cada vez más temprano de las relaciones sexuales.

No puede negarse, que como resultado de un proceso acumulativo, es necesario hablar de reproducción, de enfermedades de transmisión sexual y de métodos anticonceptivos desde los 12 años, más cuando un estudio practicado por El Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) y el Centro de Estudios Demográficos (CEDEM) ha demostrado que, como generalidad, dos años después de la menarquía sobreviene la primera relación sexual.

Cuba ya no disfruta de su bono demográfico y el número de personas que arriban a la edad productiva son menos con respecto a los que envejecen, pero el aumento de la tasa de natalidad no debe ser a costa de los embarazos precoces y del consecuente incremento de los índices de morbilidad y mortalidad.

En la práctica, la prematuridad de las madres no es saludable y las cifras debieran ser alarmantes, también, para cualquier familia donde haya un adolescente.

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