Esos días gloriosos de octubre
Cuando el presidente norteamericano John F. Kennedy anunció públicamente la imposición del bloqueo naval a Cuba y puso a las fuerzas estadounidenses en estado de alerta máxima aquel 22 de octubre de 1962, hace 57 años, no hizo los cálculos pertinentes. El mandatario de Estados Unidos no tuvo en cuenta que si Cuba como nación, había sido capaz de propinarles la primera gran derrota en América Latina, durante la invasión por Playa Girón, estaba dispuesta a todo por salvaguardar la soberanía.
Ante un inminente ataque militar se suscribió el acuerdo cubano-soviético sobre el establecimiento de armas nucleares en nuestro territorio, lo que originó la Crisis de Octubre. Dicho acuerdo fue resultado de la preocupación real ante el peligro que corría la Revolución cubana y el interés estratégico que ello significaba para la Unión Soviética. La historia la recoge como la Operación Anadyr, nombre de una región situada al noreste de la Siberia. De esta forma fueron desplegadas en territorio cubano una agrupación estratégica soviética de cerca de cincuenta mil hombres con decenas de cohetes balísticos nucleares R-12 y R-14, un regimiento de aviación y otras unidades.
El Comandante en Jefe Fidel Castro era partidario de hacer público el acuerdo como un acto soberano entre dos estados, sin embrago la parte soviética insistió en mantener la operación en secreto, lo que no parecía lógico debido a la envergadura de los medios y de sus emplazamientos Estados Unidos, con un avión U-2 tomó fotos el 16 de octubre lo que confirmó la presencia de emplazamientos coheteriles nucleares en San Cristóbal, Pinar del Río. El presidente Kennedy, además de decretar el bloqueo naval a nuestro país, exigió la retirada incondicional y bajo inspección de los misiles soviéticos instalados en Cuba.
No caben dudas de que la paz mundial estuvo seriamente en peligro, ya que ante la decisión estadounidense de acometer medidas que iban desde un golpe sorpresivo con quinientos aviones al amanecer del 23 contra los emplazamientos y otros objetivos militares en la Isla, hasta la invasión, el Comandante en Jefe decretó la Alarma de combate para las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Con su arrogancia habitual la Casa Blanca indicó se incrementaran los vuelos de exploración sobre la isla, a lo que nuevamente Fidel respondió con la orden de abrir fuego contra los aviones enemigos en vuelo a baja altura. Se le dejaba claro al imperialismo una vez más que, un pueblo pequeño e indoblegable lo podía conducir a una catástrofe si osaba llevar adelante su aventurera agresión.
Tras el derribo el 27 de octubre de uno de esos aviones, aunque quedó claro de que no fue Cuba quien lo derribó, y las conversaciones entre la URSS y EE.UU. se acordó la retirada de los cohetes de Cuba a partir de una garantía hipotética de que EE.UU. no invadiría la nación caribeña. Esto marcó el fin de la crisis para ambas superpotencias.
No obstante, y con todo el derecho que nos asistía, pues las decisiones se habían tomado sin contar con el Gobierno cubano, no se permitió la inspección del territorio nacional. El 28 de octubre el Comandante en Jefe Fidel Castro hizo pública una declaración de cinco puntos que comprendía tales garantías, y que posibilitarían la paz sobre bases decorosas, reconocidos también como Los Cinco Puntos de la Dignidad
– Cese del bloqueo económico y de todas las medidas de presión comercial y económica ejercidas por Estados Unidos contra Cuba;
– Cese de las actividades subversivas, lanzamientos y desembarcos de armas y explosivos por aire y mar, organización de invasiones mercenarias, filtración de espías y saboteadores;
– Cese de los ataques piratas;
– Cese de todas las violaciones del espacio aéreo y naval por aviones y navíos de guerra norteamericanos;
– Retirada de la Base Naval de Guantánamo y devolución del territorio cubano ocupado por Estados Unidos.
Con toda razón en su carta de despedida, nuestro inolvidable Che, deja constancia del orgullo y admiración por el siempre invicto líder de la Revolución cubana, al expresar: “(…) sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe. Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios”
