Flores marchitas (+Gráfico) (+Audio) (+Post) (+Video)

No era la primera vez que se sentía inferior, dependiente y subordinada a los mandatos ajenos. De hecho había asumido, por imposición, esta postura desde niña, porque era lo que la sociedad dictaba, que ella y su madre se dividieran las tareas del hogar mientras su hermano disponía de todo su tiempo para jugar, o salir a pasear cuando se hizo más grande; una actitud que le parecía servil y hasta cierto punto explotadora, mas no pensó en revelarse, oponerse.

Sí era la primera vez que a Esther le estampaban una mano en el rostro, que su piel ardía por el contacto fuerte, que le aparecían hematomas de una manera nada accidental. Mas tampoco

denunció las agresiones.

Los episodios de maltrato hacia las mujeres y niñas no son casos aislados, muchas cifras lo confirman. Cifras también en las que no se cuentan, porque las autoridades no tienen cómo, las féminas que de disímiles maneras son violentadas y no piden ayuda, no lo comunican.

Las sociedades patriarcales, aun cuando ya avanza el siglo XXI, siguen propiciando la ubicación de las mujeres en escalones inferiores a los hombres. Los estudios revelan que los abusadores pertenecen a cualquier estrato social y no hay mayor prevalencia en unas edades o razas. Pero la influencia de factores sociohistóricos son incuestionables.

En Cuba, aunque la Revolución empoderó a este grupo poblacional y están creados los organismos e instituciones para eliminar la persistencia de este flagelo, existen manifestaciones reiterativas de violencia en todas sus variantes. Según el Anuario Estadístico de la Salud, las muertes ocasionadas por la violencia de género se ubican entre las primeras 35 causas de fallecimiento en la isla.

Una encuesta nacional sobre igualdad de género realizada en conjunto con el Centro de Población y Desarrollo de la Oficina de Estadísticas y con el apoyo del Fondo de Población, UNICEF y PNUD confirmó que el tipo de violencia predominante es la psicológica, y que las mujeres cubanas reconocen ya la existencia de otros tipos como la económica. Tal reconocimiento es el primer paso en el camino a la erradicación en nuestra sociedad de estos maltratos. Es lógico, la víctima, mientras no se sienta como tal, no acude en busca de ayuda.

Teresa Francesena Barceló, miembro del Secretariado Provincial de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en Ciego de Ávila es bien exhaustiva en sus explicaciones sobre el tema, y alega que cada vez son más las mujeres que se dirigen a esta entidad para conseguir asesoramiento. La Federación brinda asistencia no solo para realizar las denuncias pertinentes, sino también para garantizar la rehabilitación psicológica de las afectadas.

Entrevista a Teresa Francesena Barceló, miembro del Secretariado Provincial de la Federación de Mujeres Cubanas en Ciego de Ávila

Otras instituciones como la Universidad Máximo Gómez se insertaron a la campaña Eres Más para el enfrentamiento a la violencia hacia la mujer. Roberto Cruz Santiesteban, presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) comentó que desde el día 25 de noviembre en la casa de altos estudios avileña se realizaron charlas con instructores educativos y se repartieron carteles y plegables con mensajes alegóricos a la fecha.

Aunque nuestro país tiene terreno ganado en cuanto a inclusión se refiere evidenciado en asuntos puntuales como la incorporación masiva de la población femenina al estudio y el trabajo, y la equidad con respecto a los salarios percibidos por los hombres, no podemos creer que son suficientes las acciones.

Para lograr el cambio la percepción que tiene la mujer sobre sí misma debe sufrir modificaciones, o como diría Indira Gandhi “Para librarse, la mujer debe sentirse libre, no para rivalizar con los hombres, sino libres en sus capacidades y personalidad”

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