Hemodiálisis salvadoras

Cerca de 101 pacientes ciñen sus días a las hemodiálisis practicadas en las dos salas de nefrologías existentes en Ciego de Ávila. Acoplados al mecanismo artificial que hace lo que ya no puede sus riñones: filtrar, depurar, eliminar las toxinas de su sangre y devolvérsela limpia al torrente; saben como nadie de las ventajas y la exclusividad de este servicio.
Cuatro especialistas, distribuidos en los municipios de Morón y Ciego de Ávila, amalgaman de tal forma sus jornadas que las guardias de 24 horas, las consultas, y otra vez las guardias, no hacen mella en la calidad de la atención.
Yenisey Mora Férguson, jefa de hemodiálisis del Servicio de Nefrología en el territorio, reconoce como principales logros una disminución de la mortalidad y de la incidencia del Hepatitis C, el aumento de la supervivencia y, en general, mejoras en la calidad de vida.
“Llegamos a conocerlos tanto que no quisiéramos que les diera ni catarro. A veces están muy abatidos y nos toca reconfortarlos, enseñarlos a convivir con el padecimiento y educar a las familias. Además, esta enfermedad casi nunca viene sola, pues su aparición e incremento se relaciona con otras como la diabetes mellitus, la hipertensión arterial, la obstrucción del tracto urinario e, incluso, el envejecimiento poblacional.”

En Cuba se calcula el costo de una hemodiálisis —cada paciente se realiza tres semanales— en 306 pesos, pero estadísticas internacionales aseguran que en el mundo equivale a cerca de 200 dólares.
Los equipos necesarios son de tecnología de punta comprados en Europa, al otro lado del mar, aun cuando pudieran adquirirse en Estados Unidos, y a cifras tan exorbitantes como los 15 000 dólares a desembolsar por un riñón artificial.
El incremento del padecimiento en la población obliga a que tres o cuatro personas se conecten diariamente, por tanto, las roturas son comunes y acceder a las piezas de repuesto resulta otro quebradero de cabezas.
El bloqueo económico, político y financiero también teje sus redes sobre los filtros electroválvulas, los catéteres, las celdas de conductibilidad de la sangre y las tarjetas que miden los parámetros de entrada y salida a la máquina y bombas.
Sin olvidar, que un dializador (aparato para filtrar la sangre) se reúsa, luego de su desinfección, hasta 15 veces con el mismo paciente, práctica que aunque no es exclusiva de Cuba, responde a carencias elementales y frena la agilidad del proceso.
Detrás de cada hemodiálisis se adivina, además de números y retos, el desvelo de cada especialista, las esperanzas de los dolientes y la polisemia de la palabra gratuito en nuestro Sistema de Salud.
