Yo hice más de 200 donaciones de sangre

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Con extender el brazo salvas una vida, asevera Vicente.

Más de tres décadas han pasado desde entonces, y a los 68 años de edad Vicente Valdés Companioni, no puede seguir con el brazo extendido, aunque muestre la misma decisión de la primera vez.

Quién sabe cuántas veces ha abierto y cerrado la mano para que el líquido fluya con rapidez y llene el pomo o la bolsa utilizada para la ocasión, pero la hipertensión arterial le jugó una mala pasada y lo obligó a dejar de donar sangre.

Terminó con más de 200 donaciones y, según dice, poseyera una cifra superior si no hubiera dejado de hacerlas durante algún tiempo, cuando era soldador en la granja cañera Sofía, un sitio con nombre, pero de escasa historia, en el norteño municipio avileño de Bolivia, territorio destacado provincial en el aporte de ese líquido.

“La primera vez fue por problemas familiares y desde entonces la seguí dando al que le hiciera falta. Incluso, si no había necesidad, lo hacía cada tres meses, como debe de ser. Ese ciclo lo mantuve hasta que la salud me lo permitió.

“Fíjese si lo del plazo que dan los médicos está bien estudiado que cuando se iba acercando la fecha me entraba un calor, un fogaje y me ponía colora ‘o. Enseguida me decía: “Vicente, ya tienes que donar”.

Hubo momentos en que dejó la tarjeta de control guardada en su casa y cuando le preguntaban desde cuándo no ofrecía el líquido, la respuesta era segura y tajante: “Hace tres meses exactos”, y, sin embargo, le faltaban varios días para la fecha.

“Sé que no debía adelantarme, pero la salud me lo pedía y seguro alguien necesitaba de mí”, comenta con la jocosidad del guajiro que deja que le pinchen el brazo, pero no lo da a torcer.

Él tiene una filosofía intuitiva: “Además de las dolencias del cuerpo, cada vez que daba sangre me quitan las del alma, porque es una vida que ayudaba a salvar, no importa dónde.”

Para dar prueba de ello, comenta que en una ocasión viajó desde su municipio hasta la ciudad de Ciego de Ávila, distante más de 80 kilómetros, a ofrecérsela a una mujer que lo necesitaba. “Ese acto es tan humano que hermana a las personas. Con ella me llevo como si fuera familia”.

Vicente no solo llegó a ser Vanguardia Nacional en las donaciones; es cederista y revolucionario a carta cabal. Con palabras llenas de modestias dice que fue fundador de la Asociación de Jóvenes Rebeldes y siempre ha tenido cargos en la más numerosa organización de masas del país, desde presidente hasta coordinador de zona.

Su grupo sanguíneo es A positivo y sabe que esa letra tiene gran importancia, pues solo pueden recibirla los que posean la misma sangre, pero asevera que hubiera querido ser del O negativo, que es el del donante universal “para dársela a todo el mundo”.

Tan sencilla como humana es la historia de Vicente, trabajador de EMPRESTUR; el hombre que anda por la vida sin dolencias del alma.

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