Historia de aguas mansas

Hace 30 años una obra colosal, el canal magistral Zaza-Ciego de Ávila, comenzó a descoser en dos a casi toda la región central de Cuba. Son muchos los tropiezos por los que ha pasado y todavía hoy no puede brindar sus servicios, porque ni la agricultura, ni la Empresa Azucarera Ciego de Ávila construyeron los sistemas de riego durante los dilatados años de ejecución del que iba camino a convertirse en el mayor río artificial de Cuba.
Diseñado por los especialistas de la Empresa de Investigaciones y Proyectos Hidráulicos de Villa Clara (EIPHVC), la idea original pretendía trasladar 300 millones de metros cúbicos de agua al año, a través de un conducto de 94 kilómetros, desde la derivadora del Sur del Jíbaro, en Sancti Spíritus, hasta la provincia de Camagüey.
Sin embargo, luego de escuchar a las partes involucradas, de palpar sobre el terreno qué se ha hecho y cuánto falta, y de recorrer de Este a Oeste, y viceversa, esta especie de río atravesado, según lo bautizó un colega, no hay que ser muy avezado para comprender que existen muchos nudos por desatar para darle valor de uso a una obra que se resiste a firmar su condena a muerte, sean cual fueren los tropiezos, desde los iniciales por parte de los constructores, hasta los desafueros de los organismos con propiedades a un lado y otro del conducto.
El agua está en el canal y faltan los sistemas de riego. Las imágenes lo demuestran.
