Historia de un artista empedernido

De todos los escenarios posibles en los que un artista con talento puede diversificar su obra, Plínio Sánchez Rodríguez ha preferido compartir sus trazos con los más jóvenes. Para confirmar, que la juventud es un estado mental que se lleva en el alma y no en el cuerpo.

Su casa, desde hace rato, perdió el hálito de hogar para fungir como una galería o un taller –si se quiere- que resguarda historias traducidas en el blanco y negro del grafito.

Podría describirse como el retratista de la ciudad, el educador de muchas generaciones de artistas, el hombre donde la juventud y la experiencia congenian. Sin embargo, basta hablar de proporciones perfectas, líneas atrevidas, semejanzas abrumadoras, de la “simpleza” espiritual de entregar su talento sin esperar nada a cambio, y de su invariable ubicación en el corazón del bulevar avileño para identificarlo.

-¿Por qué prefirió educar en lugar de buscar otros horizontes para la creación?

Pertenezco a una tercera generación de pintores que n ha estado excepta de intentos similares. Mi madre, mi abuela hicieron lo mismo. Creo que tantas coincidencias se deben a que uno siempre aprende con los niños y los jóvenes. Es una experiencia maravillosa acompañarlos en sus primeros trazos y verlos, luego, desprender el vuelo. Además, nunca me ha interesado el arte con fines comerciales. Educar me llena espiritualmente y esa complacencia es primordial para un artista.

-¿Pretende mantener sus habituales talleres y cursos de verano?

Siempre que sean bien recibidos los mantendré porque constituyen un importante espacio, no solo para conocer y perfeccionar técnicas de creación, sino para la socialización y la formación integral de los pequeños. Quizás un día puedan ganar su sustento con lo que aprendieron aquí.

-Y en este verano…

Estos dos meses serán de mucho trabajo porque pienso incorporar, además de las técnicas del retrato, las de la caricatura, el collage, el grafiti, e incluso el grabado, proyecto al que sumará el destacado artista avileño Miguel Chamorro.

-Después del curso

El curso incluye dos exposiciones, que ya están coordinadas con el Centro Provincial de Casas de Cultura, para que los muchachos muestren sus trabajos y se sientan estimulados. Después, no me desentiendo del asunto, intento mantener un vínculo armonioso con ellos e incitarlos, al menos a los más interesados en el arte, a continuar expandiendo sus horizontes creativos.

-¿Alegrías o aflicciones?

Quien decide dedicar su vida a la enseñanza, a la formación, a compartir sus conocimientos siempre tendrá más alegrías que tristezas. Los muchachos crecen y continúan recordándome, me regalan sus cuadros, me invitan a sus exposiciones, me visitan. El lazo creado ha sido tan fuerte que el cariño es como de padre a hijos y va mucho más allá de estos dos meses donde compartimos espacio y creación.

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