Idiosincrasia caribeña

La unidad de lo diverso del Caribe que nos une caracteriza la más reciente propuesta del Ballet Folclórico de Ciego de Ávila Ossopuan Irawo que a propósito del aniversario 92 del Teatro Principal se estrenó este fin de semana.

La estilización como lógico resultado de la maduración artística de María Victoria Negret López, dota de una expresividad singular su nueva apropiación coreográfica tanto del panteón yoruba como de los rituales haitianos.

La iracunda condición del guerrero Oggún es el leit motiv de su primera estampa donde lascivia, sexo y lujuria masculinas se compensan en franca paradoja a través de los patakines de las hermanas Yemayá y Oshún y la defensa a ultranza de Oyá.

No faltó el sello inconfundible de los cantos y las danzas rituales haitianas con sus lamentos plañideros para invocar a sus muertos en esa cuerda real maravillosa que define la unidad de lo diverso.

El mito del zombi en su más agraria condición y como legítima expresión del vudú es recreado coreográficamente con azadones y guadañas en su más básica representación escénica.

La cinta con sus contagiosos ritmos, coloridos vestuarios y hasta circenses evoluciones y pirotecnias cerró la velada con el mismo ímpetu y la fuerza de nuestros más tribales ancestros que son también parte indisoluble de nuestra idiosincrasia e identidad cultural.

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