¿Instituciones públicas con teléfonos privados?

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Motivado por la celebración del Festival de Teatro de La Habana y la acertada recomendación de una colega, decidí asistir a la puesta en escena de la obra Guan Melón..!! Tu Melón..!!, en la sala El Ciervo Encantado.

Para sorpresa mía, cuando quise contactar telefónicamente con la referida sala, a fin de verificar detalles sobre el horario, la fecha y venta de las entradas, no pude hacerlo porque el número es privado, según información de la empresa telefónica.

Entonces traté de averiguarlo a través de entidades vinculadas a la cultura, pero tampoco logré los anhelados dígitos porque no los sabían, por el motivo antes señalado o porque estaban cerradas por ser fin de semana.

No me quedó otra opción que acudir a la sede de El Ciervo Encantado, en calle 18, entre Línea y 11, en El Vedado, donde lacónicamente el custodio me informó que las papeletas se venderían al otro día, a partir de las tres de la tarde.
Otro tanto me sucedió hace poco, cuando marqué el 113 para averiguar el número del centro nocturno Submarino amarillo, de la compañía Artex, y la operadora me contestó lo mismo: no está disponible, es privado.

Mas tampoco me di por vencido, quería saber detalles del concierto de homenaje a los Beatles y tras múltiples gestiones telefónicas, logré que en el Departamento de Información del Centro de Comunicación Cultural me dieran el número de la instalación, 78306808.

Aguas mediante, digo calles, tenía al Submarino de 17 y 6 al alcance de una llamada, sin embargo, la euforia duró poco, porque del otro lado de la línea la computadora respondía imperturbable: el número marcado no está asignado a ningún abonado.

Si bien es un derecho que toda persona natural o jurídica tiene de poner su teléfono como privado, no se concibe que lo haga una institución pública dedicada a la realización de actividades culturales y recreativas.

Por el contrario, la labor de estas dependencias tiene que estar encaminada a la promoción y divulgación de cada puesta en escena o presentación artística con el fin de lograr la mayor participación posible y que el arte y sano esparcimiento lleguen a las masas.

Si no, para qué trabajamos los medios de comunicación masiva, los centros promotores y demás entidades encargadas de informar no sólo las carteleras, sino de orientar al público a través de una valoración crítica.

La situación se agrava si tenemos en cuenta que en reiteradas ocasiones la programación de diferentes instituciones culturales sufre cambios o simplemente las actividades se posponen o suspenden por diferentes causas.

Disponer de un teléfono o cualquier otra vía de comunicación constituye una exigencia del momento, en que a la par de las ofertas artísticas y las necesidades informativas para poder elegir, aumentan las distancias y se dificulta el transporte para llegar a esos lugares.

(Por: Manuel Valdés Paz. ACN)

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