Joaquín Javier y su andar por el magisterio

Aunque oriundo del oriente cubano, Joaquín Javier Ferrer Caveda hace cerca de 25 años que llegó a la  ciudad del Gallo, para establecerse definitivamente en esa localidad avileña donde encontró la profesión que lleva desde muy joven en las entrañas de su corazón.

“Siempre quise ser maestro y logré encauzar mi vocación, hasta que me gradué como defectólogo, título que respalda mi ubicación en la Escuela Especial Raúl Gómez García, donde laboro con todo tesón”, refiere este educador quien no se separa ni un instante de sus herramientas de trabajo.

Aunque Joaquín es conversador, no niega tener miedo escénico cuando se trata de hablar ante un micrófono y realizar una intervención en un auditorio o enfrentar incluso, la presencia de un visitante de “alto rango”, como califica a los dirigentes de primer nivel.

Sin embargo, describe que en el 2008 partió hacia la República Bolivariana de Venezuela en   una misión de colaboración como educador. “Fui ubicado, nada menos que en Barinas, histórico lugar  donde nació el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, un honor que conservo entre los más gratos recuerdos”,  apuntó este educador.

Relata que durante su permanencia en ese lugar un día recibió la sorpresiva visita de Chávez. “Algo nervioso lo saludé y sostuve una grata conversación, respondí varias preguntas que me dirigió sobre el trabajo que realizaba en ese lugar; se interesó por mis inquietudes como maestro, y  yo le dije que todo marchaba sin problemas, me puso su mano en el hombro y prometió volver”.

Hace solo unos días Joaquín Javier regresó de una breve estancia en La Habana, donde asistió como delegado de base al Pleno del Comité Nacional del Sindicato de trabajadores de la Educación, uno de los tres compañeros que representó a la provincia avileña.

Cuenta que se trataron variados temas de mucho interés, hasta que llegó el punto de la permanencia de los maestros en el sector y la captación de jóvenes para carreras pedagógicas. “Le confieso que decidí levantar la mano y solicitar la palabra, pero nunca pensé que me la fueran a conceder tan rápido, en un plenario donde hablaban ministros, directores provinciales de educación y muchas otras personas que ni siquiera sabía quiénes eran”, explica Joaquín.

“No llevaba escrito ni un solo dato de lo que iba a decir, solo una frase de Fidel que quería decirla completa sin que le faltara una sola letra, y expliqué bien clarito lo que implica ser maestro, una profesión que hay que sentirla con todo el amor, no desempeñarla por la única razón de un salario y dije también lo que se hacía aquí en Ciego de Ávila para lograr la inclinación de estudiantes hacia carreras pedagógicas. Cuando terminé recibí una cerrada ovación”, acotó.

Cuando creí que ya había terminado, desde la presidencia del Pleno saltó una pregunta: “¿Usted ha recibido algún reconocimiento algunas vez?. Le dije, sí, haber conocido personalmente a Chávez y conversar con él en Barinas, y ahora aquí, que ustedes me han ovacionado”, contesté. Y otra vez Joaquín un fuerte aplauso. Fue entonces que partió el acuerdo de proponer la entrega de la distinción Lázaro Peña a este consagrado educador moronense: Joaquín Javier Ferrer Caveda, un pedagogo que hace valedero esa expresión de Fidel que él mismo evocó ante el plenario: “Sin educación no hay Revolución posible, sin educación no hay socialismo posible, sin educación no hay ese hombre nuevo de que hablaba el Che…”

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