La joven doctora del barrio.

Con una sonrisa en los labios llega casi todos los días a su casa al terminar la jornada de trabajo en el hospital avileño. Primero hace su parada habitual con los vecinos más cercanos, como para ponerse a tono con lo que ocurrió en el barrio mientras trabajaba, y así descansar un poco el cansancio por la trayectoria Hospital – 24 de febrero, lugar donde vive desde pequeña.

Ya en su hogar, solo le da tiempo a quitarse la bata, cuando le da tiempo. ¡Te estaba esperando… tengo un dolor de garganta! ¡Ay Liane pudieras verme al niño! ¡Doctora puede tomarle la presión a mi mamá!

Es el llamado de los vecinos que precisan de su atención, a la que corresponde con la sonrisa y la dulzura que la caracteriza. Con profesionalidad los atiende a cada uno, es como si cargara con un pedacito de hospital.

“No me gusta decirle que no a nadie, aunque haya llegado de una guardia después de largas jornadas; es mucho el cansancio, pero al ver la manera en la que te agradecen, la sonrisa de ellos, es suficiente para seguir adelante; no hay derecho para el cansancio siempre que alguien me necesite”.

Así expresa Lianet Echemendía, quien a sus 25 años continua el ejemplo de su padre y precisa: “El que escoja esta profesión sabe que su compromiso con los demás es inminente.

Por eso Lianet, la doctora del barrio, siente que es su deber prestar ayuda a quienes lo necesitan, no es solo su trabajo.

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