La nueva constitución y la Política Educacional, científica y cultural

Contextualizados, con abundante inteligencia colectiva, sin preguntas pendientes, como no sea que alguien no desee hacerlas, transcurren los intercambios acerca del Nuevo Proyecto de Constitución de la República de Cuba.

Todas las propuestas, sin excepciones, serán valoradas por la comisión parlamentaria en la que un nuevo proyecto, actualizado, volverá a la Asamblea Nacional, donde se discutirá nuevamente y el texto será sometido a ratificación en referendo popular mediante el voto directo y secreto de cada ciudadano.

Y es que los debates, más que un ejercicio mediático como lo acuñan algunos, devienen en acción democrática, en tribuna popular donde cada quien habla sin máscara y expone su verdad, como lo hizo un ciudadano avileño que propuso hacerle una enmienda al párrafo 32 (Artículo tres del Capítulo I).

«Donde dice que la defensa de la patria socialista es el más grande honor y el deber supremo de cada cubano, propongo suprimir la palabra socialista, porque existen cubanos que no son socialistas y defienden su patria, incluso, desde muchos lugares del mundo».

Sin embargo, no son precisamente los artículos del Capítulo I (Principios fundamentales de la nación) los únicos que suscitan intervenciones; otros, como los emanados del Título V: Principios de la Política Educacional, Científica y Cultural, también ocupan el centro de la participación popular, aunque con menos intervenciones, pues para nadie es secreto que, posterior al enero más luminoso de la Patria, no se ha descansado en el fomento y la promoción de la historia de la nación y su importancia en la formación de valores éticos, morales, cívicos y patrióticos de los ciudadanos.

No es casual que, de las más de 9 200 propuestas realizadas hasta ahora en la provincia, solo 85 tienen que ver con el Título V y sus 13 párrafos, evidencia de que la mayoría coincide en que el Estado orienta, fomenta y promueve la educación, las ciencias y la cultura en todas sus manifestaciones desde hace casi seis décadas.

Al hacer referencia al párrafo 271 (la enseñanza es función del Estado, es laica y se basa en los aportes de la ciencia y en los principios y valores de nuestra sociedad), argumentaron que la enseñanza, en primer término, es responsabilidad de la familia, que debe ser la primera en desarrollar en los educandos una alta formación de valores éticos, morales, cívicos y patrióticos, como aparece en el párrafo siguiente, el 272.

Sobre este y otros asuntos relacionados con la creación artística, hubo quien habló de una crisis de contenidos, si entendemos el arte como un producto del ser humano, y esto es realmente lo que se encuentra en autentica decadencia en determinadas manifestaciones, sobre todo en la música, donde existen autores y agrupaciones que priorizan los contenidos banales, en beneficio de lo económico y en detrimento de lo social.

De igual manera, no fueron pocas las intervenciones en las que se abogó por que en la Constitución se reafirme que la creación artística y sus formas de expresión sean libres, y no se otorgue respaldo a la censura cuando se trata de buenos productos culturales.

Sobre el particular, otras consideraciones versaron en que en el documento sometido a debate debe agregarse que la creación artística en Cuba, aunque libre, respete los valores éticos, cívicos, de la sociedad socialista cubana.

Criterios en cuanto al Proyecto de Constitución de la República de Cuba, existen y la población los expresa, sin mordazas ni adoctrinamientos.

Se trata, como expresó Raúl Castro Ruz, en la Primera Conferencia Nacional del Partido, el 28 de enero del 2012, de « […] dejar atrás el lastre de la vieja mentalidad y forjar con intencionalidad transformadora y mucha sensibilidad política la visión hacia el presente y el futuro de la Patria, sin abandonar, ni por un instante, el legado martiano y la doctrina del marxismo-leninismo que constituyen el principal fundamento ideológico de nuestro proceso revolucionario».

Y ello quedará refrendado en la que a la postre será la nueva Carta Magna, la que espera el pueblo cubano, pues la vida de un país y su inteligencia colectiva son la más viva expresión de un proceso revolucionario en constante búsqueda de justicia social, en defensa de la independencia y la soberanía de la Patria.

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