La Patria: un acto definitivo de infinito amor

El amor como el más estable de los sentimientos es un aprendizaje para toda la vida, a través del mismo nos reconocemos como sujetos en nuestra dinámica con los demás en comunión de afectos y de emociones. Por eso el alcance altruista y filantrópico del amor es su más definitiva entrega.

Aunque  el amor generalmente se centra en la relación de pareja y la amistad, este sentimiento humano se expresa de dísimiles maneras y en la apropiación subjetiva de cada quien existen puntos de comunión donde se incluye a la mayoría.

De ahí que el amor a la Patria sea per se el más sublime ideal de este sentimiento, y quienes lo hayan practicado continúen siendo ejemplo y paradigma para la humanidad.

Martí desde pequeño cultivo este sentimiento, razón por la cual deshizó todo oprobio y su espíritu caritativo y noble continúa siendo la base ética y moral de nuestra nueva Constitución.

Su naturaleza inclusiva “con todos y para el bien de todos” es, en mi opinión, el axioma que mejor expresa ese acto de infinito amor que trasciende lo estrictamente individual para beneficio de todos.

Amor al prójimo se dice desde la fe religiosa, humanismo desde el concepto fidelista de Revolución, Amor a la Patria como acto soberano de dignidad y de gratitud.

De ahí la importancia de refrendar el domingo, 24 de Febrero, la Constitución de la República de Cuba, uno de los actos de amor colectivo más auténticos y genuinos de nuestro Revolución durante estos 60 años.

Como diría José Martí “La Patria es ara, no pedestal” y nuestro amor por Cuba y su pueblo, su gente y sus valores es también vocación de Humanidad, utilidad virtuosa y un acto definitivo de infinito amor.

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