La sangre que nos tiñó de triunfo

José Antonio Echevarría tuvo solo 25 años para inmortalizarse en la historia.
Con un cuarto de siglo Manzanita, como le llamaban algunos, se agenció una vida que no por breve dejó de ser fructífera.
Presidente de la FEU, fundador del Directorio Revolucionario, ferviente opositor de la dictadura batistiana y, lo que lo perpetuaría por siempre en la memoria de los cubanos, protagonista de la toma de Radio Reloj y el ataque al Palacio Presidencial un 13 de marzo de 1957.
Ajusticiar a Fulgencio Batista era su meta ese día, así lo anunció en la emisora nacional a las 3 y 21 de la tarde. Y estuvo a punto de lograrlo. Los asaltantes comprobaron que el tabaco del presidente todavía estaba encendido en su oficina, acababa de salir.
Una ráfaga de ametralladora lo alcanzó en las calles del Vedado. Así se apagaba una vida pero nunca un ideal. En 1959 se concretaron también sus aspiraciones y sus sueños, de esta manera sus condiscípulos le retribuyeron.
Sesenta años después de su muerte, quienes contribuimos a edificar este país, lo llevamos en nuestros logros. Puede sentirse su voz insitando a la lucha, convidando a obrar para desterrar las injusticias. Manzanita es Cuba y es esta Revolución que con su sangre tiñó de triunfo.

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