La sangre que nos dignifica

En la vivienda ubicada en la calle Independencia número 6 entre Marcial Gómez y Abraham Delgado, vivieron los hermanos Cardoso, quienes constituyen símbolos de la tradición de lucha de nuestro pueblo contra la dominación española.
Poco atesora la historia local de objetos, prendas u otras pertenencias de estos hijos de la independencia de Cuba. Solo la fachada del inmueble y una tarja develan el significado de este sitio, punto de referencia de las tradiciones de lucha del pueblo avileño.
Pero el mayor aporte esta en el patrimonio intangible pero imperecedero que dejaron a las futuras generaciones, las cuales tienen en esta familia el ejemplo y las ideas que hacen digno a un avileño.
Marcial, José Ambrosio y Felipe Cardoso, protagonizaron el estallido de la guerra del 68 en esta comarca . En aquella gesta se incorporaron bajo las ordenes del coronel Manuel de Jesús Valdés Urra (Chicho) y participaron el levantamiento en armas el 8 de noviembre del propio año.
De la trayectoria de Marcial se conoce que participó en las acciones ocurridas en El Trapiche, Ceja de Altagracia, Pitajones, Chamendi, Guayacanes y en el asalto a una embarcación en Tunas de Zaza. También combatió bajo las órdenes de los generales Marcos García, Ignacio Agramonte y Ángel del Castillo. Cumplió diversas misiones contra la Trocha militar de Júcaro a Morón.
En los primeros meses de 1872 mientras se combatía en las inmediaciones de “Lázaro López” fue herido en una pierna, por tal motivo fue conducido a un “Hospital de Sangre” ubicado en la hacienda “Cumanayagüa”, próxima al actual pueblo de Gaspar.
Alli junto a Emilio Soler, su leal asistente a quienes todos le llamaban Cabeza y a sus hermanos fue cercado por enemigos y traidores al servicio de los españoles .Pero la sorpresa del combate ni la herida en su pierna le impidieron defender con coraje el deseo de ver su patria libre.
Como en los anteriores combates volvió con su carga al machete, pero esta vez no venció al enemigo, ni se rindió ante su suerte.
Su cabeza, la utilizaron para escarmiento a los pobladores, pero sirvió para mucho más, porque el criminal acto lo levanto de su caída. Era el 5 de junio de 1840, quince días después cumpliría sus treinta y dos años, pero acababan de glorificar su muerte.
El valor, la integridad y el coraje pusieron a prueba la sangre de la familia Cardoso, que desde entonces dignifica a la tierra avileña.
