La santa caña de azúcar: cultura que llegó a Ciego de Ávila para quedarse
Los estudios socioculturales demuestran que las tradiciones no desparecen, en todo caso sufren una lenta transformación que solo con el paso del tiempo devienen en un nuevo fenómeno comunitario.
Muchas personas pensaron que con el cierre y demolición de los viejos centrales azucareros el modo de pensar y actuar de sus pobladores cambiaría para ponerse a la altura de la modernidad.
Traída a Cuba en uno de los viajes de Cristóbal Colón durante la época de los descubrimientos (o del encuentro de culturas, como se dice con más propiedad) la caña de azúcar vino para quedarse y alrededor de su cultivo y desarrollo fabril se tejió todo un modo de vida extensivo al área caribeña y un poco más allá.
En Ciego de Ávila, aunque cuatro de sus ingenios dejaron de existir, no por ello los cultivos desaparecieron, lo que propicia que una parte de la población se mantenga vinculada en cuanto a lo económico, porque el hecho cultural permanece vivo en el imaginario popular.
Municipios como Majagua y Venezuela, en los que la industria como tal desapareció, los factores comunitarios permiten que, como la calificara en algún momento el ingeniero Miguel Lima Villar en un libro que todos debían leer, la santa caña de azúcar es parte de nuestro quehacer diario y se refleja en las costumbres, los modos de hablar y hasta de pensar.
De ello sin testigos, entre otras, las agrupaciones folclóricas que perviven en los municipios, vale decir La Cinta, de Baraguá; Nagó, de Primero de Enero y el Conjunto XX Aniversario, de Majagua: todos ellos creados por avileños de extracción obrera y campesina muy vinculados a la verde gramínea.
No obstante las influencias de la contemporaneidad y el debilitamiento del sector cañero en la provincia, la cultura azucarera, esa que es afín a la mayor parte de los avileños – y de los cubanos todos – llegó para quedarse.
Tomado de Radio Surco Por Ricardo Benítez Fumero
