Lo alegre de aquella punta
Irma, el vendaval que quitó el sueño, desapareció techos y derribó paredes, obligó a transmutar la rutina de 6 350 habitantes y, por añadidura, también la del periodista que se llegaba hasta allá solo alguna vez en años distanciados, siempre con objetivos bien marcados que lo obligaban a recorrer los más de 100 kilómetros que separan a la capital provincial del consejo popular Máximo Gómez (formado por las comunidades Máximo Gómez y Punta Alegre, distantes cuatro kilómetros una de otra).
Antes de Irma, no había muchas razones para llegarse hasta allá, como no sean la fábrica de yeso, el sitio arqueológico Los Buchillones, la Unidad Empresarial de Base dedicada a la pesca, o Centro 6, de Radiocuba —el de mayor potencia radiada de onda media en el país—, pero desde el día después allí cambió la vida.
Transcurrido poco más de un año del azote del huracán, de las últimas ráfagas, quedan huellas. Es lógico, pero uno camina por el consejo Popular Máximo Gómez y palpa una tranquilidad mezclada con mucho quehacer.
