Los jóvenes podemos transformar el universo

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Con sus memorias afincadas en los vericuetos de El Asiento, donde nació, Dalgys Zurita Jaime regresa a ellas a cada momento, pero cuando le dijeron que la gente, su gente, estaba con el agua al cuello por culpa del huracán Irma, volvió en cuerpo y alma y allí permaneció varios días.

Por eso, me pregunto qué habrán dicho en esa comunidad del municipio de Chambas cuando se enteraron de que aquella muchachita de sencilla talla se había ganado un puesto en la delegación que representará a Ciego de Ávila, y a Cuba, en el XIX Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en la ciudad Rusa de Sochi.

“Pero si Dalgys estuvo hasta el otro día, como aquel que dice, con las muñecas de la infancia entre los brazos, y, después de hacerse periodista no nos ha abandonado. A cada rato viene y comparte con todos aquí y nos habla y nos cuenta las experiencias de su profesión”, comenta Yeyo, el mensajero, sin despegar la oreja del radio para escuchar cuánto trabajo haga Dalgys.

Estas letras, que son sus palabras, el reflejo de sus ojos, de su vida, de cuánto hace, define a una de esas jóvenes campechanas que habitan en el barrio, en la loma, en el desfile del Primero de Mayo, en medio del huracán, o en el central azucarero.

“Yo quería ser crítica de cine. ¡Qué voy a saber lo que era eso! Me lo inculcó mi mamá, una mujer muy culta que no pierde tiempo para estudiar, para ejercer el magisterio en cualquier circunstancia, porque ella enseña con las palabras, con el ejemplo. Es mi inspiración.

“¿Lo del periodismo? De nuevo mi mamá presente. Siempre me gustaron las letras. Cuando llegué al preuniversitario y me enteré de las pruebas de aptitud, me presenté. De más de 100 alumnos quedamos siete y pude agarrar la carrera que, por cierto, resulta mucho más difícil obtenerla que estudiarla.

“Me fui a la universidad de Camagüey, donde estuve los cinco años. Yo seguía con aquella ilusión de las críticas de cine, pero cuando me gradué, me dieron a atender, entre otros sectores, el MINAZ. La primera cobertura no tardó en llegar; la realicé en el central Ciro Redondo, un amasijo de hierro, esteras, transportadores; un rompecabezas imposible de imaginar hasta entonces.

“Allí me personé delante del director, vestida de blanco y con zapatos altos. Me veía como un objeto anacrónico dentro de la industria, pero así escribí y quienes después me oyeron dicen que salió bien. Hoy entiendo casi a la perfección la jerga de los azucareros: RPC, rendimiento agrícola, recobrado, materias extrañas, miel final, pol en bagazo, norma técnica 52…

Y a Sochi irá en su doble condición de delegada y periodista: “Como delegada asistiré al festival y dudo pueda repetir la experiencia; sin embargo, a mis 28 años, como periodista, me queda mucho por recorrer, porque cuando te enamoras de la profesión, te atrapa; sientes que va contigo las 24 horas del día. Donde una haga acto de presencia, el periodismo está presente”.

En cuanto a la organización en que milita, es de la opinión que la Juventud tiene bastante por aportar desde lo interno: “A veces los militantes nos concentramos en tareas no muy importantes y no nos preocupamos por hacer amena la organización, por discutir en el seno del comité de base los verdaderos problemas de los jóvenes, de la sociedad, para irradiar ejemplo y transformar el universo”.

Ella, periodista audaz, que le gustan todos los géneros, aunque prefiera la crónica; que sabe ver desde la fibra del sentimiento, comprende los retos de su profesión.

“Pertenezco a la generación de los llamados nativos digitales, pero no dejo de reconocer que una se ve obligada a beber de otras fuentes, investigar, y algo muy importante: nunca debemos abandonar al pueblo, con sus problemáticas y necesidades, las mismas que las nuestras, con la diferencia de que el periodista puede decir, reflejar y contribuir a la solución de muchos de los problemas existentes; esa es la mejor manera de defender la Revolución.

«Si tengo la oportunidad, en Sochi hablaré de mi país, de la belleza de su gente y de la obra iniciada el primero de enero de 1959; una obra que si bien no es perfecta, sí es justa y solidaria, y ahora mismo vuelvo a comprobarlo. Somos capaces de enfrentar a Irma y, a la vez, enviar personal médico para atender a los damnificados por el terremoto en México. Esa es mi Cuba”.

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