Magaly la doctora que no se jubila

Cada día al atardecer nos encontramos en el mismo lugar: la bodega del Microdistrito A, reparto Vista Hermosa en la ciudad de Ciego de Ávila, donde siempre una persona con su bata blanca saluda a los que están y con los que se cruza en la ida y regreso a su cercano edificio familiar.

Todos los días, bien temprano en la mañana, es de los primeros pasajeros en montarse en la Ruta 22 de los ómnibus locales para llegar al policlínico Belkis Sotomayor, distante unos tres kilómetros.

Así es Magaly González Fernández-Trevejo, quien nunca olvidará que formó parte, el 14 de noviembre de 1965, de la primera generación de profesionales de la salud formados por la Revolución Cubana.

Aquella histórica graduación de 400 médicos y 26 estomatólogos en el Pico Turquino, junto al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, la considera un regalo para toda la vida.

En octubre de ese año comenzamos a organizar el viaje a la Sierra Maestra, en la que estuvimos varias jornadas a pie escalando las alturas por etapas: Mompié, La Plata, Aguada de Joaquín, Pico Cuba y el Turquino, cuyo regreso fue tan incómodo como la subida, pero reconfortante, afirma Magaly.

Había laborado en el hospital Calixto García, en Sagua la Grande, Morón, Nuevitas y lleva 45 años en Ciego de Ávila, donde se especializó en Obstetricia y Ginecología.

Se jubiló hace cuatro años y se incorporó de nuevo a los servicios de salud para suplir el trabajo de colegas que están ayudando a naciones hermanas, afirma.

Jamás ha olvidado, expresa, la vez que, por diversos trastornos, falleció una embarazada en el “Calixto García” y le aplicó una cirugía post mortem, con la cual salvó a la bebé, que pesó más de ocho libras.

Durante 24 meses cumplió misión médica en Guyana y hace varios años recibió, de la Asamblea Provincial del Poder Popular, la Distinción de Hija Adoptiva de Ciego de Ávila, “Por sus méritos relevantes y solidarios aportes al desarrollo de este territorio”.

Hace poco una señora le preguntó si era la ginecóloga Magaly, y al responderle afirmativamente, aquella –con gesto alegre- expresó la satisfacción de verla después de cuatro décadas de asistirla en el parto de su primer hijo.

Magaly es muy apreciada, tanto en el “Belkis Sotomayor” como en el Policlínico Centro o el hospital provincial Doctor Antonio Luaces Iraola, además del pueblo de Vicente, la comunidad de Quesada y en los consultorios del médico de familia que atiende.

Opina que el bajo peso al nacer (BPN) es un reto para la ciencia, y su importancia no solo radica en lo que significa en la morbilidad y la mortalidad infantil, sino que esos niños estarían expuestos a múltiples problemas posteriores.

El programa para reducir el BPN precisa que los neonatos con peso inferior a los dos mil 500 gramos presentan riesgo de mortalidad 14 veces mayor durante el primer año de vida, respecto a los que nacen con un peso normal a término, explica.

Agrega que entre los peligros están el embarazo en la adolescencia, la desnutrición de la madre, el hábito de fumar, la hipertensión arterial, la sepsis cervicovaginal, la anemia y los partos gemelares, entre otros.

¿Hasta cuándo estarás salvando vidas? Su respuesta es categórica: ”Seguiré trabajando mientras mi cerebro funcione; así que hay Magaly para rato”.

(Julio Juan Leandro, ACN)

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