Martí la Constitución y el alma de Cuba

Casi con arrogancia caminaba sin mirar atrás. Una preciosa niña a horcajadas en la cintura, sostenida con la mano izquierda, un hombrecito de unos cuatro años era asegurado con la diestra e iban seguidos por un tercer caballerito de unos ocho años.

Los ojos perdidos en la aparente lejanía, y digo aparente, porque frente a ella un nutrido conjunto de hombres y mujeres que hacían fila y un grupo de inmuebles, que marcaban la urbanidad, impedían totalmente la visión del horizonte lejano, ese que, con un poco de abstracción, nos muestra la redondez de la tierra.

En la cara de la niña un débil rastro de lágrimas demostraba la aparente fatiga del paseo, lo que hiso que el grupo de personas le abriera camino. Ella se detuvo y con la misma arrogancia con que llegara les preguntó.

– ¿No tengo derecho yo, ¿cómo ustedes a sufrir un poco de espera por la patria? – Algunos avergonzados bajaron la cabeza, pero un hombre de ébano se adelantó y le dijo.

–Claro señora, pero los niños no tienen que padecer la angustia de la espera.
La mujer miró a sus hijos; la cargada, el que llevaba cogido de la mano y el que la seguía y dijo.

-Gracias-

Y con la misma testaruda arrogancia, se adelantó a la fila, mientras sacaba los documentos de identificación con que haría los trámites para votar la primera constitución en tiempos de Revolución.

Anterior a esta en Cuba se habían aprobado otras seis; la Constitución de Guáimaro (1869), la Constitución de Baraguá (1878) la Constitución de Jimaguayú (1895) Constitución de la Yaya (1897), la Constitución de 1901 y la Constitución del 40

Hombres de leyes elegidos entre lo mejor del pueblo y de sus organizaciones, elaboró un proyecto de Constitución. Sometido a análisis y discusión por más de seis millones de personas, luego de su estudio en el primer congreso del PCC. Se modificó el preámbulo y 141 artículos de la futura Ley de leyes de la República de Cuba.

La mujer después de su gestión, orgullosa marchaba por la calle protegiendo su prole. Un periódico volado de la mano de alguien se estrelló contra el cuerpo de la niña, la madre con rapidez lo cogió, quizás con la intención de arrugarlo y tirarlo a un lado del camino, pero algo llamó su atención, la fecha, 15 de febrero de 1976.

Con cuidado dobló el diario y protegiéndolo como a sus hijos, continuó su camino. Ese día, el 96 por ciento de los hombres y mujeres mayores de 16 años en Cuba, aprobaron la constitución, que sería proclamada el 24 de febrero de ese mismo año.

Aquella mujer y su firmeza me hicieron recordar a Martí, un trabajo de él que leí Sobre una heroica señora de 72 años, en el Nueva York de fines del IXX, que laboraba en un taller de artesanos y compartía el mísero salario con otros menesterosos.

Por lo que significaba aquella señora, El Apóstol tituló su trabajo y permítanme, sin pretender compararme, que también yo titule este, porque la mujer, por su postura, bien representó. “El alma de Cuba”

Eufemio Ramos Carabeo

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