¿Mascota personal o problema colectivo?

Bruno es un mastín con buena suerte. Cada mañana, antes de salir el sol su dueño le abre el portón del patio y lo deja corretear libremente por toda la cuadra y hacer sus necesidades fisiológicas en el lugar que mejor le place.

Sólo que Bruno, a pesar de tener un amo sumamente complaciente posee un carácter un poco complicado  y más de un vecino o transeúnte ya lleva en su piel y sus ropas las huellas de sus dientes.

Aunque algunos han alertado y hasta amenazado con tomar medidas por su cuenta si el irascible can osa atacarlos, él continúa cada amanecer con su rutina, a la cual le incorpora sorpresivamente nuevos elementos, como tumbar de bruces sobre la calle a una señora  al cruzarse entre sus piernas o hacer correr  en estampida a grupos de muchachos que van hacia la escuela.

Contrario a Bruno,  Toby, un vecino suyo, nunca ha salido del traspatio a donde ha sido confinado: Nadie juega con él y hasta más de una vez sus dueños se han ido de viaje dejándolo a merced de lo que alguien quiera dejarle caer por encima de la cerca  que lo tiene aislado.

Por eso tal vez Toby expresa con frecuencia su tristeza a través de largos aullidos a cualquier hora del día o de la noche, que ponen los pelos de punta al vecindario y hacen recordar las viejas creencias de las abuelas  de que cuando un perro aúlla alguna mala noticia está por llegar.

Lo cierto es que ambas situaciones totalmente reales y en extremo opuestas  dejan ver conductas inapropiadas en el manejo de las mascotas, que si bien constituyen un derecho de cualquier  persona, también representan una obligación ante la sociedad y el propio animal en última instancia.

Es censurable la actitud de aquellos que toman un perro o ejemplar de cualquier especie bajo su custodia y no le proporcionan las condiciones indispensables para su subsistencia  o no le controlan sus impulsos irracionales para evitar molestias al prójimo.

Otros, dueños de canes hembras, permiten que estas procreen y después, sin el menor escrúpulo, les arrebatan las crías para abandonarlas en  un cruce de caminos o en el primer basurero que encuentran.

Del perro, se ha dicho, es el mejor amigo del hombre, porque sabe corresponder con fidelidad  al cuidado y cariño que este puede profesarle, sin embargo puede ser cuestionable el comportamiento de algunos antes de considerarlos amigos de los animales.

En el barrio, ese espacio de la sociedad, que nos resulta cercano y donde confluyen  personas de diversas edades, profesiones u oficios, es imprescindible  ser comedidos y responsables para vivir en armonía y tener la tranquilidad que se requiere  para el intercambio familiar, el estudio o el descanso.

La observación de las buenas costumbres  pasa también por el cuidado que se les brinde a esos animalitos  que seleccionamos para que nos hagan compañía , pero en el mejor de los casos, responden a nuestra decisión personal y no deben representar  una molestia ni un riesgo para el resto de la sociedad.

(Por Magaly Zamora Morejón, ACN)

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