Miedo a ser ¿confundidos? O al qué dirán+(video)

Puede parecer increíble y hasta risible para muchos o algunos, no importa, pero ya en Cuba los campesinos no celebran ni se felicitan el 17 de Mayo: Día del campesino cubano aún cuando la fecha encierre el homenaje de la Revolución Cubana al joven guantanamero Niceto Pérez asesinado a manos del Terrateniente Lino Mancebo el 17 de Mayo de 1946. Nuestros guajiros prefieren adelantar los agasajos por la promulgación de la Ley de Reforma Agraria (17 de Mayo de 1959) a tener que celebrar el mismo día en que en todo el mundo se levantan las voces contra la homofobia y la transfobia.
Resulta que el “jueguito” de la felicitación a “los hombres” cada 17 de Mayo provoca de isofacto la pregunta ¿Por qué lo felicitas? ¿Por gay o por campesino? Tal broma encierra el pensamiento homofóbico y transfóbico que aún existe entre los cubanos, principalmente del género masculino, a pesar de las continuas acciones que realiza el CENESEX desde hace 10 años con la Dra. Mariela Castro Espín al frente y el entendimiento estatal y gubernamental sobre el tema en Cuba.
Lo cierto es que los campesinos cubanos prefieren obviar la efeméride y continuar apegados a los estereotipos que por siglos identifican al hombre que trabaja la tierra: hombre rudo, con manos dañadas por las siembras, piel curtida por el sol y de “pelo en el pecho” (sinónimo de valentía) para enfrentar las adversidades. Para ellos no existen los matices y el patrón machista rige en su mentalidad.
La aceptación de la diferencia en materia sexual es una de las batallas, que al igual que el racismo, resultan difícil de librar por tener su basamento en la supuesta superioridad de unos sobre otros. En ese campo de batalla se rasgan los sentimientos, se debate el destino de la familia y la sociedad toda entre el qué hacer, qué dirán y el deseo de ser feliz verdaderamente.
Conversando sobre el tema con una amiga esta me dijo que la “pelea” se ganaba puertas adentro y con el aporte incondicional de la escuela. Los niñas y las niñas desde que nacen no conocen de sexo ni de género, quieren jugar con aquel juguete que le sea más atractivo por su forma, colores y sonidos sin clasificarlos de ninguna manera. Y es cierto. Somos las madres y los padres quienes llevamos nuestros prejuicios a los hijos. Los mismos que se reafirman en la escuela y llevan a que entre los infantes se recriminen a las niñas que muestran un carácter más fuerte o al niño que anhela usar la falda de su amiguita.
¿Cuántos casos existen de adolescentes que prefieren abandonar los estudios por no usar el pantalón que los identifican como varones sintiéndose ellos una chica en cuerpo ajeno?
¿Qué sucederá con aquel campesino que se enamore de otro campesino? ¿Tendrá que dejar de montar a caballo y enlazar reses?
Disímiles preguntas y respuestas pululan en las mentes y en el aire siempre que de la homosexualidad, transexualidad, homofobia y transfobia se habla. Es un tema del cual queda mucho camino por recorrer y batallas que librar en el marco jurídico y social. La propuesta es pensar en el otro como en uno mismo, nada puede ser más humano. Lo demás es ignorancia.
Por: Nayrobi Terri
