Mucho ruido y poco freno

Diariamente encontramos el ¨buen vecino¨, que pone la música a todo volumen para compartir con todos en el entorno. No importa si es de nuestra preferencia o si la letra invita a la reflexión en el mejor de los casos.

Los autos, bicitaxis o personas que hablan alto también aumentan. Sin embargo, por estar inmersos en nuestras tareas diarias, no nos percatamos como aumenta de forma desmedida la contaminación acústica.

En los últimos años en Cuba este flagelo ha aumentado y sus habitantes están expuestos a sufrir pérdida de la audición y otros trastornos de salud, pues se encuentran sometidos a niveles de ruido superiores a los 65 decibeles, límite máximo al que se puede exponer el ser humano sin que ello le ocasione malestares, según los estándares de la Organización Mundial de la Salud.

Entre los grupos de mayor riesgo y más afectados por la contaminación acústica están los jóvenes, por el uso excesivo de la tecnología, así como su asistencia a centros recreativos donde se escucha la música muy alta; y los obreros industriales cuando incumplen   las   normas establecidas en los centros de trabajo.

En este sentido los especialistas señalan la posibilidad de concientizar a la población sobre la protección auditiva dado que no existe cura para su pérdida

Pero, ¿siempre se hace caso a estos llamados? ¿Se aplican las normas jurídicas?

No cabe dudas que existe el cuerpo legal que ampara y exige un ambiente más sano, pero falta rigor en su aplicación, por eso afirmamos que existe mucho ruido y poco freno.

Más vale tarde que nunca: Hoy 12 de junio Día Mundial de la Descontaminación Acústica tomemos conciencia ante los efectos dañinos que tienen los ruidos en nuestra salud y adoptemos acciones para disminuirlo.

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