¿Si no malversas, no vives?

El descontrol puede “zarpar” a bordo de cualquier medio

GladysBejarano Portela, Contralora General de la República de Cuba, ha reiterado con voz apacible y clara dos conceptos imposibles de esquivar en tiempos en que el país continúa la actualización del Nuevo Modelo Económico: «Sin el control eficiente, no hay socialismo» y «la impunidad es nuestro peor enemigo», verdad es todavía inentendibles para algunos torcidos.

Las frases también las he oído, en boca de otros, en tribunas y en reuniones de importancia: Plenos del Partido, Asambleas del Poder Popular, debate, resúmenes de verificaciones fiscales, audiencias, conferencias.

En las intervenciones, a los participantes se les escucha hablar de principios, trasformaciones, formas de propiedad, dirección planificada, desarrollo económico y social, Control Económico.

Lo dicen a teatro lleno; sin embargo, cuando uno llega a determinadas organizaciones —incluidas las que dirigen muchos de los que hablaron en las “reuniones de marras”— y se encuentra con el mundo concreto de la realidad, nota un creciente número de indiferentes, ajenos a la responsabilidad y a los debe velar por el patrimonio del Estado.

Hace varios años, le escuchaba decir a un avezado economista que no creía en más bondades ni en más justicia que las que ofrece «el sistema socialista», y concluía con una frase proverbial, digna del más profundo de los análisis: «Lo que es de todos, no es de nadie».  Y su moraleja, vista a la luz del control económico, llama a la reflexión.

En 1991, las verificaciones fiscales practicadas en distintas entidades del territorio avileño detectaron pérdidas ascendentes a dos millones 762 153 pesos con 56 centavos, un bombillo rojo que se incendiaría con el paso de los años, aunque en aquel resumen no aparecía cifra que ilustrara el daño en CUC.

Las principales afectaciones originadas 27 años atrás tenían mucho que ver con pagos indebidos de salario, mermas, deterioros y daños casuísticos, descontrol en los medios básicos y derotación… hasta completar una extensa y dañina lista, casi a imagen y semejanza de las actuales. Son algunas de las causas por lo que una parte de los recursos que el Estado destina al bien de todos, va a parar a las manos de unos pocos, por culpa de un descontrol que abre las puertas al delito, la corrupción y alimenta el mercado negro o subterráneo. ¿O acaso no se sabe que a ese mercado lo abastecen, en buen número, las producciones de empresas y organismos?

No por gusto la Contralora General ha recalcado que las propias direcciones administrativas, los colectivos de dirección junto a los trabajadores son los encargados de garantizar el orden, la disciplina y el control que necesita el país. No hay otra alternativa. No imagino hasta dónde llegarían las pérdidas si no existiera cierto control sobre el descontrol, la Comprobación Nacional al Control Interno (CNCI), si la Contralora General de la República no se cansara de persuadir sobre la necesidad de cerrar el grifo al derroche, algo que todavía parece misión imposible.

No lo digo yo, lo dicen las cifras. Si en 1991 los daños detectados al patrimonio público en Ciego de Ávila eran de poco más de dos millones de pesos, en el 2015, durante la X CNCI, superaron 6 millones de CUP y los 888 mil CUC, y en la XI la cifra ascendió a más de 18 millones, de ellos unos 330 000CUC, en apenas siete entidades inspeccionadas.

¿A cuánto ascenderán los millones si se sumara las pérdidas en todas las provincias del país? Las causas de las deficiencias detectadas tenían que ver con inobservancia en el cumplimiento de disposiciones jurídicas vigentes, superficialidad en los controles realizados con anterioridad a la comprobación efectuada, deficiente funcionamiento del Comité de Prevención y Control, incumplimiento de la Política Contractual, falta de objetividad de los contratos firmados, incumplimiento de deberes funcionales, falta de asesoramiento, supervisión y monitoreo a las operaciones por parte de los niveles superiores, aplicación de sistema contable financiero no certificado que pone en riesgo la integridad y disponibilidad de la información, descuido y negligencia en el cumplimiento de las funciones y deberes, deficiente control de las tecnologías de la información y las comunicaciones.

A todas luces, mientras más cursos y acciones de superación, más deficiencias administrativas. Dicho en otras palabras: en materia de control, lo que el estado invierte no se revierte, evidencia de que no se transmite lo aprendido, ni se traslada a la base los planes de capacitación, en ocasiones, patrimonio solo de los directivos quienes tampoco lo dirigen hacia el escenario productivo.

La guía de autocontrol tiene140 aspectos y hay que adecuarla a cada puesto de trabajo. Muchos dirigentes laven como un problema, aunque la tengan al alcance de la mano, en el buró, la gaveta, o a la espera de la visita. dicha guía es más que un modelo y hay que multiplicarla y si bien el director es el máximo responsable de lo que sucede en su organización, los 140 aspectos contemplados en ella deben tener 140 nombres si fuera necesario, y hasta llegar a formar parte del expediente laboral para que cada quien conozca el contenido del trabajo específico, algo muy alejado de la realidad

Me alarma cuánto pierde el Estado cada año; cifras millonarias que vana parar quién sabe a dónde. No creo que por esa causa Cuba nuestra vaya a naufragar en los mares tormentosos de la crisis económica, pero el descontrol en la empresa estatal socialista socava la integridad de la nación.

Los oportunistas aprovechan la falta de chequeo y se aprovechan de las negligencias. «A río revuelto, ganancia del pescador». Por eso quienes reciben esas “ganancias” dentro de las aguas turbias poco les importa el orden, la disciplina y la exigencia, mucho menos la capacitación establecer prioridades, organizar el trabajo y cohesionar las fuerzas.

Y como el control lo ejercen personas, la honestidad debe prevalecer por sobre otras carencias: bajos salarios, sistemas de precios caducos, escasez, contabilidad no confiable y burocracia, porque ninguna actitud justifica el robo, el desvío y, mucho menos, la apropiación de lo ajeno.

Nada atenta más contra los valores del ser humano que una acción impura y sucia, apuntalada por los que piensan que, si no robas, no comes; y sino malversas, no vives.

Si algo nos debe llamar la atención en el entramado económico, sinuoso, de economía pequeña y subdesarrollada, de un Estado apuntalando cada vez más a la empresa estatal como la forma fundamental de propiedad de su proyecto socialista, es que pasados 58 años de soberanía política todavía no hayamos encontrado la fórmula para lograr el control económico.

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