Nunca imaginé ser maestro

Unas cuantas calles, dos consultorios, dos cooperativas, una bodega, una farmacia, un círculo social y un terreno de pelota constituyen el centro de la vida de Lázaro López, comunidad rural perteneciente al municipio avileño de Majagua.

También está el centro mixto “Ángel del Castillo”, escuela donde son formados los habitantes de la zona desde el preescolar hasta terminar la Secundaria Básica. Y, a pocos kilómetros del poblado, un Conjunto Monumental que recuerda la creación del Ejército Invasor en esas tierras.

Al frente de ambos –escuela y monumento- figura un hombre, que además de maestro e historiador es delegado del Poder Popular, presidente de CDR y uno de los principales impulsores de la comunidad.

Se llama Orelvys Hernández Mendoza, pero todos lo conocen por El Chino.

“Nunca imaginé ser maestro, no me gustaba. De niño pensaba hacerme ingeniero o militar. En la Secundaria muchos de mis compañeros optaron por la Escuela Formadora de Maestros, así que me embullé y elegí esta carrera, que luego, con las clases y los periodos de prácticas, me di cuenta de que había nacido para la profesión.”

Él, que defiende la educación con tanta vehemencia, encaja más en el tipo de maestro que ya quería serlo desde la niñez y en el historiador que resguarda las raíces cubanas, motivos por los cuales resultó acreedor de la medalla José Tey y de la distinción cultural Ornofay.

Tampoco ayudan a separarlo del estereotipo los 247 estudiantes por los que se levanta cada mañana y sus largos años como director de una escuela que rescata y preserva el patrimonio de la localidad.

“Tuve la suerte de comenzar con un colectivo pedagógico muy capacitado, con personas comprometidas con la labor educativa, creo que la preparación y el interés que pusieron en mí hicieron posible que, pasando por diferentes responsabilidades, llegara a ser el director de la escuela.”

El plantel resulta parte inseparable de su vida, allí conoció a su esposa, hoy auxiliar pedagógica del grado preescolar. Cerca construyó el hogar familiar donde también vive Lliliany, su única hija, quien creció entre aulas y pizarras, fue su alumna y ahora estudia la Licenciatura en Historia.

Quizá Lliliany algún día forme parte del claustro que la educó, aunque no sería la única joven maestra de Lázaro López, pues hace unos años, cuando el déficit de maestros se acentuó, fue trazada una estrategia de formación vocacional cuyos resultados ya son visibles: la cobertura docente del centro está completa.

Sin embargo, bien sabe el Chino que el éxodo de profesionales del sector todavía constituye una realidad visible.

A veces no se debe al salario sino a malos métodos de dirección, desgraciadamente también existen profesores que no conocen bien el contenido a impartir y les resulta difícil que el estudiante aprenda, opina Orelvis, quien es Hijo Ilustre de Majagua.

Este majagüense trabaja  fácilmente con adolescentes: “Basta conversar mucho con ellos para entenderlos porque en esas edades necesitan atención, y a los adultos se nos olvida que cada generación es distinta a la anterior”

El Chino, profesor que siente correr la Historia por sus venas, así la enseña. La educación viene a ser una grata casualidad que le cambió la vida, porque nunca concibió ser maestro, pero hoy no se imagina en otra profesión.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *