Piña Colada destierra la pereza

Cuando los eventos dedicados a la música en provincia eran imperceptibles y pocos artistas se atrevían a asumir su organización, surgía el festival de música fusión Piña Colada, en Ciego de Ávila, en un tímido intento por aglutinar a las agrupaciones y creadores que buscaban construir su propio nombre en el panorama musical de la Isla.
Después de 15 años la iniciativa mantiene su lozanía y sobresale como un evento de obligada mención. De las invitaciones se encarga Arnaldo, y el Gobierno y la Dirección de Cultura del territorio asumen las cuestiones logísticas. Con meses de antelación comienzan los preparativos y el programa de actividades se rediseña con tino una y otra vez para garantizar variedad y calidad en la oferta, horarios y sedes convenientes, y una promoción ágil.
Aunque no se tiene la certeza absoluta de quiénes estarán o no hasta el último momento y ausencias inesperadas han obligado a cambiar todo un cronograma, estos son males menores si se tiene en cuenta que la dimensión de la propuesta, en esta oportunidad, demandó un monto de 950 000. 00 cup para la sufragación de los gastos.
Ante la pregunta de cómo se ha mantenido por tantos años un evento que ha venido para quedarse en una provincia alejada de la urbe habanera, Arnaldo Rodríguez se autocomplace en reconocer que el Piña Colada ha logrado apoyo y comprensión para concretarse y ha resultado inspirador y punto de partida para proyectos similares a lo largo y ancho del país.
En esta oportunidad se logró una suerte de intercambio pluricultural gracias a la variedad de ritmos y estilos que aglutinó y su función primaria de ofrecer los más novedoso del pentagrama cubano se cumplió a cabalidad.
Confluyeron desde la musicalidad de Haydée Milanés, Luna Manzanares, Raúl Torres, Buena Fe y William Vivanco hasta fieles exponentes de la música popular bailable como Alaín Pérez, Moncada y el Talismán, el rock “mestizo” de los muchachos de Tendencia, la elegancia de Frasis, y la sabrosa fusión de Toques del Río y Qva Libre. Sin olvidar la presencia del talento local que aprovecha para exhibir lo mejor de su catálogo y, quizás, lo menos conocido a nivel nacional.
No quedó atrapado en la ciudad cabecera y se extendió hasta las zonas más afectadas por el paso del huracán Irma, se mantuvieron las extensiones a sitios de interés social y centros culturales emplazados en otros municipios, y las presentaciones didácticas en la escuela de arte Ñola Sahíg Saínz.
Además, volvió el evento teórico Música, Juventud y Sociedad con cerca de 10 ponencia que calibraron nuestras realidades musicales y le aportaron un hálito científico a la cita.
Vale destacar a la carismática Luna Manzanares, que en un segundo contacto con el público avileño, entregó a la entrada del teatro Principal afiches; a Haydée Milanés que calificó al auditorio como muy afinado, respetuoso y conocedor de su música, y al destacado pianista Alejandro Falcón que donó el libro Danzando entre puentes y su CD Mi monte espiritual en un intercambio con alumnos de la escuela de arte.
El Piña Colada resulta una fiesta que se escribe en positivo y un modo de desterrar la pereza de la ciudad. Comencemos desde ya a pensar en la venidera edición.
