Pobre muestra en el salón Raúl Martínez

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El XXVIII Salón Provincial de las Artes Visuales Raúl Martínez volvió a las carteleras culturales de Ciego de Ávila para demostrar que las artes visuales en la provincia no viven su mejor momento.

A pesar de que la convocatoria fue difundida con antelación, le ha tocado al huracán Irma cargar con la responsabilidad de que menos de 20 artistas se presentaran. De ellos, el jurado admitió a 13, que exponentes de diversas técnicas y estilos, intentaron salvar con sus obras la dignidad del certamen.

La instalación Hagamos un trato, de Addiel Travieso Valenzuela, mereció, con creces, el Gran Premio por constituir un acercamiento vanguardista e ingenioso que conjugó esta manifestación con la tecnología y el carácter lúdico de la apreciación.

El espectador interactúa con la pieza al depositar una moneda en una ranura. Entonces, se activa un mecanismo que proyecta en la pantalla de un dispositivo electrónico la imagen de un hombre y, por medio de la gestualidad, puede surgir “el trato” entre el sujeto y la máquina.

La primera mención fue para Humberto del Río, con Departure, compendio fotográfico donde los rostros de diferentes personas se alternan con espacios vacíos.

Mientras, la Unión de Escritores y Artistas (UNEAC), Artex, la Asociación de Artesanos Artistas (ACAA) y el Fondo de Bienes Culturales (FCBC), también entregaron premios colaterales en una ceremonia sencilla y entrecortada por la lluvia.

Si este evento actuara como medidor de nuestra realidad visual  ̶  en la práctica sí lo es ̶  pudiera decirse que poco de nuevo, variado y excelente hay para mostrar.

Además de la exigua convocatoria, se hizo patente un desbalance en las manifestaciones y técnicas, la ausencia de otras, y la pobre capacidad individual de dialogar con la innovación y con presupuestos estéticos más avezados, de lo cual se infiere que, quizás, lo expuesto aquí no sea lo mejor del catálogo de cada creador.

Por su parte, la influencia de las vanguardias del siglo pasado se hicieron sentir en la materialización de las piezas, a veces con mejor tono, y, en otras ocasiones, en franco asomo experimental y repetitivo.

Este principio de decadencia cultural debiera incitarnos al debate, si queremos desentrañar los verdaderos porqués de la desmotivación que, a priori, no pueden achacárseles al Consejo Provincial de las Artes Plásticas.

Más allá del marasmo creativo que se entreteje hoy o de la abulia institucional, peor resultaría el silencio y el olvido de Raúl Martínez en su tierra natal, cuando se celebra su natalicio 90.