¿Prefieres primero la buena o la mala noticia?

Malas y buenas noticias
Malas y buenas noticias

Con seguridad alguna vez nos han preguntado si queremos saber primero las buenas o las malas noticias.

De acuerdo con un estudio de la Universidad de California, Estados Unidos, preferimos saber las malas antes, para minimizar su impacto con las buenas.

“Si saben que van a recibir malas noticias, prefieren enterarse cuanto antes, así las buenas te dejan un buen sabor de boca”, explicó una de las autoras de la investigación, la sicóloga Angela Legg.

Sin embargo, refiere que los que tienen que dar malas noticias eligen dar primero las buenas.

“Suelen mostrarse ansiosos, a nadie le gusta dar malas noticias, y no entienden que tener que esperar a recibir las malas noticias provoca ansiedad en el receptor”, explicó.

Para llegar a esta conclusión, Legg y Kate Sweeny analizaron las consecuencias afectivas, cognitivas y conductuales ante el orden de recibir primero una buena o mala noticia. Los resultados concluyeron que el orden de las noticias era de suma importancia para gozar de un mayor o menor estado de ánimo.

De esta manera, los que recibieron la buena noticia en segundo lugar informaban tener mejor bienestar que las que recibían la mala. A nivel conductual también se observaron cambios.

Aclara el estudio que aunque preferimos saber las malas noticias antes que las buenas, esto no siempre resulta productivo, pues depende del contenido emocional de dichas noticias y de las características de la personalidad del individuo.

Refiere Legg que el contar primero las buenas puede ser una estrategia positiva si el objetivo es conseguir que alguien cambie de comportamiento.

Añade que también se puede utilizar la teoría de sándwich, es decir, comunicar la mala noticia entre dos buenas. Por ejemplo: “Su nivel de colesterol es bajo. Por cierto, su presión sanguínea está altísima, y los niveles de azúcar en sangre son correctos”.

En opinión de la experta, es una buena estrategia si queremos que la otra persona se sienta bien; sin embargo, no siempre es algo bueno: le quita importancia a las malas noticias y el receptor puede confundirse.

“La mejor estrategia es la que tiene en cuenta que a veces queremos que la otra persona se sienta bien, y otras queremos que actúe”, afirma.

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