Prefiero la literatura para niños y jóvenes

Lina Leiva. Foto del autor

Lina Leiva (Morón, 1964) de la impresión de ser muy apasionada, de recordar cuánto le ha sucedido en su vida desde la infancia, cuando aún no pensaba escribir letras que llamaran la atención y andaba en la comunidad Delia, un lugar apartado del municipio de Primero de Enero.

Delia, más que un nombre, marcó lo que es ahora. Jamás olvidó aquel almendro de poemas callados, los susurros de juegos de sus hermanas junto a las siemprevivas que un día murieron de nostalgia, el jardín donde habitaba su abuela, la mata de bija colmada de fantasmas, los guateques en los que sus padres apagaban las estrellas, las mariposas que jugaban al escondido, ni el pozo viejo donde los gatos jíbaros se ocultaban.

Su pasión fue bailar, lo mismo en el ballet de su nostalgia que en algún gran teatro que la sedujera. Cuando bailaba en un lugar público, impresionaba a los que la veían. Eso me cuenta antes de desempolvar los signos taquigráficos. Dicen que el mejor entrevistado es el que tiene mucho que decir. Desde la sencillez, Lina prefiere no hablar, más el cuestionario la obliga.

—¿Cuándo comenzaste a escribir?

—Mi primera pasión fue el baile, pero sentía cierta atracción por la literatura. Aquellos primeros versos y estrofas siempre iban a parar al cesto de la basura.  Comencé a escribir en serio en 1995, cuando estaba embarazada de mi hijo.  Parece que quería cumplir con la predicción martiana del árbol, el libro y el hijo porque ya había sembrado no uno, sino muchos árboles, venía en camino el hijo y quise que llegara también el libro, y lo logré.

—¿Qué escritores han ejercido influencia en su formación literaria original?

—Creo que la primera influencia en mi formación literaria me llegó de aquella inmensa enciclopedia denominada El tesoro de la juventud.  Recuerdo que jugaba con todos aquellos tomos como si yo fuera la maestra. También tuvo que ver un autobús azul en cuyo interior había una biblioteca que yo esperaba con ansiedad para, en las páginas de aquellos libros multicolores, viajar a mis fantasías.  Los escritores que más tuvieron que ver conmigo en los comienzos fueron Juan Ramón Jiménez, Herminio Almendros, Dora Alonso y Excilia Saldaña.

—¿Qué tipo de literatura prefieres escribir?

—La literatura para niños y jóvenes es la que más he cultivado.  Siento la necesidad de comunicar a los niños y a los jóvenes las emociones que me acompañaron en  esas edades. Es por ello que mis primeros libros fueron los poemarios Grande como el viento, Cascabeleos, La noche, dónde está, ¡Ay, qué miedo!. Luego incursiono en la narrativa con los libros Las barcas de cristal y Las barcas de cristal hacia el infinito.  Recientemente regreso a los lectores con un libro de poesía titulado Estoy poniendo la hamaca.  Ahora escribo Yo soy Thalía, en el que se combinan la prosa y la poesía y Mi casa de caramelo, donde predomina el género epistolar.

—¿Cuándo y por qué nace Barcas de Cristal? ¿Cuál es el pasaje que más le gusta entre los que aparecen en ese libro?

—La idea del proyecto Las barcas de cristal nace el 22 de diciembre del 2008, si te fijas en la fecha, es el día del maestro. Ya tenía los cuentos terminados, pero quería confrontarlos con los jóvenes porque trataban temas muy escabrosos y quería saber cómo ellos interpretaban esos temas. Fue así que llegué a la casa de la profesora de historia Yamila Ferrá y le propuse debatir esos cuentos con sus alumnos.  Diez meses después obtengo el Premio La Edad de Oro y se publica el libro. Este proyecto me ha enseñado a conocer a los jóvenes.

«El pasaje que más me gusta de este libro es El duende. En este cuento propongo que los niños y las niñas deben ser escuchados, amados y comprendidos, para que los duendes no tengan que consolar a una madre; pero Las Barcas de Cristal abarca los temas más diversos: el alcoholismo, el racismo, el abandono filial, las fantasías, la muerte de los padres, de los abuelos, de los hijos; el suicidio, las ausencias, la espera infructuosa e infinita, las represiones, la locura, los maltratos, los olvidos, los amores, la enfermedad, la maternidad, la fealdad, la homofobia. Intento reflejar todo ello desde la infancia, la adolescencia y la juventud, con sus preocupaciones y anhelos insertados en contextos familiares y sociales: el hogar, la escuela y la naturaleza».

—¿Cuál consideras el proyecto más acabado?

—El de ser madre y Las barcas de cristal.

—¿Cómo definirías tu ideal literario?

—Mi ideal literario es contribuir con mi literatura a erradicar las desigualdades.

—¿Nota algún signo de renovación en el compromiso social de los jóvenes escritores avileños?

—Sí, lo noto. Me doy cuenta cuando en la Fundación Nicolás Guillén comparto con muchos jóvenes. Leo lo que escriben, adivino sus sueños y veo el compromiso con el momento que viven.  También lo vislumbro en los libros de los jóvenes escritores avileños.

—¿Crees que existen algunas amenazas internas y externas en contra de la literatura cubana?

—Creo que una de las amenazas internas que atentan contra la literatura cubana es la carencia de una promoción sistemática y la publicación de libros que viven su vida encerrados en cajas de cartón, en las trastiendas de las librerías.

«Las amenazas externas no me preocupan porque la literatura cubana forma parte del proceso histórico y social de nuestra nación.  Cada escritor, incluso, sin proponérselo, se convierte en un defensor de las tradiciones y la historia».

—¿De qué jamás escribiría?

—A veces pienso que no voy a escribir sobre un tema y de pronto me sorprendo escribiendo sobre el mismo. Es muy difícil retar a la imaginación.

—¿Cómo cree que la hostilidad de los Estados Unidos contra la Revolución cubana ha influido en el desarrollo y proyecto de los escritores?

—Creo que, a lo largo de la historia, Cuba ha tenido que sufrir hostilidades de diferentes formas y creo también que la pluma de los escritores nunca ha cedido con sus añoranzas, sus fantasías, sus necesidades, para que exista en el tiempo una continuidad de pensamiento desde José María Heredia hasta nuestros días.

—¿Cuál es el mayor compromiso de un escritor?

—Creer en lo que escribe.

—¿Qué obra te has propuesto hacer que todavía no hayas llevado a las páginas entintadas?

—La historia de una joven que tras un accidente casi muere. Algunas veces pienso que soy yo.

—¿Te es necesario Cuba para escribir?

—He escrito también fuera de Cuba, pero siempre me sorprendo recreando mi prosa y mi poesía en el contexto cubano. Amo mi tierra, mi patria.

—¿El hecho de estar al lado de un historiador y escritor le propició algún cambio en su vida como escritora?

—Estar por muchos años al lado de Larry Morales, compartiendo las añoranzas y evocaciones en este mundo terrenal, no solo propició un cambio, si no que a él también le debo mi vida como escritora.

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