Presente Fidel Castro en la memoria del pueblo de Morón

Alfonso Castellón, combatiente moronero
Alfonso Castellón, combatiente moronero

Un encuentro rico en vivencias personales, anécdotas e intercambios, fue el homenaje que rindió este sábado la Asociación de Combatientes de la Revolución en el municipio de Morón, a solo unas horas del advenimiento del 13 de agosto, cuando el líder histórico e indiscutible de la Revolución Cubana, Fidel Castro cumpliera 91 años de edad.

Varias fueron las intervenciones, cada una sostenida por la fuerza personalizada de los combatientes que en algún momento estuvieron junto a Fidel, algunos durante sus reiteradas visitas a este territorio, otros cuando cumplieron misión internacionalista en Angola y tuvieron de cerca la capacidad militar y estratega de una figura prominente en todos los órdenes como la de Fidel.

Tras la proyección del documental titulado Fidel es Fidel y la declamación de poesías dedicadas al líder indiscutible, con emotivas palabras, el combatiente Alfonso Castellón narró impresionantes anécdotas de sus encuentros con Fidel, evidenciando su carácter humanitario, su sabiduría: “Fidel estaba en todas partes, -dijo- con los trabajadores, con los combatientes, con las mujeres, donde se presentaba un problema ahí llegaba Fidel”.

José Manuel Besada Guzmán reafirmó ese testimonio con ejemplos trascendentales, al recordar la presencia de Fidel cuando la explosión del barco La Coubre, en el incendio de la tienda El Encanto, en los combates contra los mercenarios que desembarcaron por Playa Girón y en otros muchos momentos.

Riselda Calabuch, expuso que a principios de la década de los años 70, le correspondió dirigir una unidad ganadera en el Triángulo Lechero de Camagüey, a cuyo acto de inauguración asistió Fidel, momento en que exaltó el hecho de que una mujer ocupara tan importante responsabilidad, como muestra de la pujanza de la fuerza femenina en un proceso revolucionario.

El tributo a Fidel culminó con una composición poética dedicada al Comandante en Jefe, narrada por una educadora del territorio, hija de un combatiente cuyos restos descansan muy cerca de Fidel en el cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, quien en una acción revolucionaria recibió un impacto de bala que pudo costarle la vida, pero que gracias a su cantimplora no atravesó su corazón.

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